jueves, febrero 02, 2017

Expectativa vs Realidad

A medida que a uno le van pasando las décadas por encima, aprende a contemplar con mirada robusta las grietas, grandes como falla geológica, que hay entre las expectativas que se tienen y lo que se consigue.

Es un fenómeno que me ocurre cada vez que intento cocinar un plato nuevo. A continuación, un ejemplo:


Mi caso más reciente ocurrió fuera de la cocina. Un día, la hija estaba necesitada de una historia que pudiera ella contar en un corto de cine.

—Que tenga sólo un personaje y que sea de cuartilla y media, porque no hay presupuesto más que para la pizza que daré de comer al equipo de filmación— me indicó.

Después de revisar mi catálogo de minificciones (y de descartar el dinosaurio de Monterroso que ya me tiene cagado de tanto que lo usan como ejemplo), decidí ponerme a escribir. De mis esfuerzos salió lo siguiente:

El inmigrante
En el exterior de la ventana alguien había escrito con pintura roja las palabras: “¡Trump ganó!”
Juan leía la pinta desde dentro de su departamento de planta baja. Murmuró tres mentadas a sus vecinos y aprestó cubeta, cepillo, trapos y agua para limpiar las letras de la ventana que aún escurrían.
Mientras limpiaba la ventana, Juan miraba por encima del hombro los departamentos de sus vecinos con los que compartía condominio horizoantal. Todas las ventanas estaban cerradas y con las cortinas corridas. No sabía si alguien lo observaba.


Al otro día cuando se asomó a la ventana Juan encontró la siguiente pinta: “Trump ganó, lárgate.”
Volvió a limpiar y al terminar decidió montar guardia dentro de su departamento. Dejó las persianas abiertas y se sentó en una silla ante la ventana. Pasó el tiempo, le dio hambre y se levantó a preparar un sandwich. Cuando regresó encontró que su ventana decía: “Trump ganó. No hay lugar para tí. Vete.”
Salió de su casa y se plantó en el patio común, entre las casas mudas de sus vecinos.
—¡No me voy! ¡Este es mi hogar! ¡Y ni uds ni Trump me van a sacar de aquí!
Nadie respondió a su desafío. El esfuerzo de vociferar lo dejó sin aliento. Cuando se recuperó regresó a su casa por lo necesario para limpiar la ventana mientras lloraba de rabia.
Esa noche, Juan quitó el colchón de su cama y lo arrastró hasta el frente de su ventana. Se acostó ahí con la mirada fija en el cuadro de luz que se filtraba desde el exterior por las cortinas corridas. Nadie se percataría de su vigilancia.
Pasaron las horas y cuando empezaba a cabecear, a Juan lo despertó un ruido. ¡Había alguien afuera de su departamento! La silueta del vándalo se recortaba contra la luz y pintarrajeaba su ventana.
Juan se incorporó con rapidez y usó sus poderes.
Sus ojos brillaron con luz ámbar y la habitación se iluminó como si fuera de día. Las plantas de los pies de Juan se separaron unos centímetros del suelo cuando comenzó a levitar. Las cortinas se abrieron y entonces Juan interrumpió su ataque.


Al otro día en la mañana una nave abandonaba el condominio horizontal con Juan abordo.

Le mandé ese textículo a la hija que lo compartió con su equipo y se pusieron a filmar. De sus esfuerzos salió lo siguiente:


Conclusión: las colaboraciones creativas son como el sexo; la primera vez queda algo de insatisfacción, pero con la repetición y la constancia eso se compone.

lunes, enero 30, 2017

Fuego en el mar


No vaya a pensarse por el post previo que ya no estoy dispuesto a pisar una sala de cine nunca más. Hace unas semanas, para quitarme la sensación de haber lamido una moneda oxidada que me dejó Arrival, vi un documental en el Cine Morelos. Me gustó para bloguearlo (o arruinarlo a quien no lo haya visto) pues no recurre a las fórmulas sobadísimas de documentales que he visto últimamente.

La película se llama Fuocoammare (Gianfranco Rosi, Italia, 2016) y trata sobre la debacle humanitaria de los migrantes que cruzan el Mediterráneo rumbo a Europa.

Al inicio el director usa viñetas que parecerían inconexas a la crisis migratoria: la vida cotidiana de un niño de 12 años en la isla italiana de Lampedusa (20 km², pob. 6000, a 205 kms al sur de Sicilia) y su familia pescadora. Muchos de los 108 minutos que dura el documental vemos cortos sobre Samuele, que como los otros niños de su edad va a la escuela, juega con su resortera, dispara a blancos imaginarios en lontananza y se pasea en la playa y en el muelle. El nombre de la película, muy alegórico, es el de una rola que la abuela de Samuele pide al locutor de la radio local por teléfono, a mitad de sus quehaceres domésticos.

Entre ese contenido intimista, hay otro tipo de viñetas: las que muestran que Lampedusa es un centro de recepción de inmigrantes. Por ejemplo, una antena de comunicaciones gira en la noche mientras oimos el diálogo por radio que tiene un tripulante desesperado de un barco atestado de gente que quiere llegar a Europa y un operador de búsqueda y rescate naval. También hay escenas del centro de recepción: subsaharianos ya llorando una canción improvisada sobre la travesía que hicieron y sus muertos que quedaron en el camino, ya jugando fútbol nocturno.

Rumbo al final hay dos cortos que son los más dramáticos y que muestran explícitamente la crisis migratoria. Uno es sobre un médico (al que en la sección costumbrista del documental vemos atender a Samuele) que examina en la pantalla de su computadora una foto: es una imagen de un hombre joven muy desnutrido y con quemaduras en todo el cuerpo. El médico explica que son quemaduras por vestir ropa empapada de agua de mar y combustible de barco. Así comienza a platicar de su trabajo, abrumador, atendiendo a los migrantes que encuentran en el mar durante las misiones de búsqueda y rescate.

El otro corto, que es el que dura más de todo el documental, presenta cómo es una de esas misiones: un barco sobrepoblado en altamar es abordado por múltiples lanchas de un navío italiano. Los italianos hacen un triage de los migrantes que necesitan atención médica urgente y los llevan en grupos de media docena a su barco. Muchos están exánimes de sed, hambre y debilidad y es como mover fardos con extremidades. Es una labor que consume horas por más empeño y buena intención que se ponga. Se translada a casi un centenar; incluidos lo cadáveres encontrados en los compartimentos más calientes, menos ventilados y más inundados de la embarcación.

Ahora bien, digo que este formato de documental es notable por lo siguiente: es más revelador que la fórmula que consiste en un pastiche de entrevistas a expertos, testigos e involucrados y que sólo ven un aspecto muy superficial o sesgado del fenómeno a documentar. Creo que la virtud más grande de Fuocoammare es presentar de la forma más objetiva posible el microcosmos de Lampedusa para que el espectador llegue a una conclusión. Que el mundo es como esa isla. Lo mismo que pasa en Lampedusa ocurre en cualquier otro sitio que sea paso de migrantes (sí, también México). A muy pocos kilómetros del lugar en donde uno hace su vida hay gente muriéndose, en tránsito. Lo cotidiano convive con lo trágico.

Es una obviedad que suele pasarse por alto y señalarla creo que es un paso en la dirección correcta para componerla.

Véanla.

jueves, enero 12, 2017

"Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren."

dijo Holden Caulfield en El guardián en el centeno.

Cuando leí por primera vez la novela de Salinger pensé que estaba ante una exageración. Pero en el tiempo que ha transcurrido entre esa lectura y ahora ya han pasado varias idas al cine de las que salgo pensando "Ay, Holden cuánta razón tenías". La más reciente de ellas fue Arrival. Quizá no me hubiera pasado si no leo antes La historia de tu vida de Ted Chiang, cuento en el que está basada la película.

Si no han leído el cuento o visto la película o les da hueva el ranteo como género discursivo los invito a irse a leer los blogs del Universal que son pura paz y amor. Hecha la advertencia continúo.

Por un lado tenemos La historia de tu vida que es un buen texto. Si tuviera que meterlo en el hashtag #resumeuncuento pondría esto: Lingüista aprende escritura alienígena con la que puede platicar con su hija nonata y muerta porque #tiemponolineal.

Eso que cupo en un tuit, Chiang lo cuenta a lo largo de 69 páginas (en la antología de 25 minutos en el futuro de editorial Almadía), utilizando el recurso de trenzar dos hilos narrativos: por un lado está el de la protagonista que participa en el equipo que debe aprender a comunicarse con los primeros alienígenas (heptápodos) que contactan nuestra civilización; y por el otro, los flash backs/forwards que tiene la protagonista con su hija y que son producto de haber aprendido a escribir en heptapodés.

Mi parte preferida es cuando esos dos hilos narrativos se cruzan (¿quizá como con Cortázar?) mientras la protagonista está en una junta con diplomáticos y está atendiendo una duda en una tarea de su hija adolescente. Ojo, no está siendo multitarea: está viviendo dos momentos de su vida, separados por años, simultáneamente. Lo genial es que lleva información de uno de esos momentos a otro. Es la parte del juego de suma no nula.

¿Y qué problema traes con Arrival si también pasa lo mismo que en el cuento de Chiang? quizá pregunten quienes vieron la película. A lo que respondo: sí, también pasa lo mismo, pero no es lo único que ocurre; le pusieron un envoltorio consistente en un montón de clichés para venderla. Naves en la superficie, pánico mundial, explosión, equipos competitivos en lugar de cooperativos, "les venimos a enseñar esto porque necesitaremos su ayuda en 3000 años", etcétera. El cliché más gordo fue el de la paz mundial alcanzada por echar un ojo al futuro. Y no obstante, nada de eso fue lo que hizo que saliera yo del cine echando espumarajos como Holden Caulfield.

Creo que hay un filón enorme de historias en el cuento de Chiang, que pueden desarrollarse sin recurrir a los lugares comunes en los que cae el guión de Arrival. Va un ejemplo: después de que se van los extraterrestres tenemos a un montón de gente aprendiendo heptapodés para contar la historia de su vida -pasada y futura- en un único trazo heptápodo. ¿Se imaginan todo lo que eso implica? Ahora usen el glitch que permite la compatibilidad del libre albedrío con el conocimiento del futuro para hacer los brincos que quieran entre lo causal y lo tautológico y viceversa.

Sí, sería como ver el génesis de los Time Lords.

¿No es eso más asombroso que la paz mundial vía Amy Adams repitiendo en el pasado lo que le chismea un general en el futuro? ¿No? ¿En serio?

Se merecen que los vuelen los vogones.

jueves, diciembre 22, 2016

Revólver místico para renacer en la maternidad - Expo en El Amate


Antecedentes del lugar para no Cuernavacos

El Amate es un exdelfinario convertido en Centro Cultural / Museo. Las paredes que en este siglo se usan para colgar arte, en los noventas contenían agua y lágrimas de cetáceo. Si se asoman por detrás del Amate aún se pueden apreciar las ruinas de las gradas donde el público se sentaba a aplaudir los brincos de los delfines.

Me gusta imaginarme que el acuario se vació a ritmo de So long and thanks for all the fish.

A su vez, el Amate está en el fondo de una barranca. El nombre oficial es Parque Ecológico Barranca de Chapultepec. Llega uno a la entrada, le esculcan las alforjas para ver que no contengan comida de contrabando y a continuación, hay que caminar 1150 mts (esta cifra puede variar dependiendo de la longitud de las piernas del visitante) entre árboles, río, patos, pavorreales, corredores y poca cosa más para llegar al centro cultural.

El Amate ha sido recinto de exposiciones como la de Darwin (que empezó su itinerario en San Ildefonso) y La vuelta en bici (venida del Franz Mayer). Uno de los defectos que le veía a las decisiones de las autoridades culturales estatales consistía en que dejaban lo expuesto durante tantos meses que se me hacían eternos.

Digo que veía, porque en el caso de la exposición actual que muestra obra de Agustín Santoyo (Morelos, 1985) creo que sí es buena idea que la mantengan de dic 2016 a marzo de 2017.

La expo

Las exposiciones de obra plástica me gusta visitarlas como leo una antología de cuentos: dejando los prólogos al final y sin seguir el orden propuesto por los curadores. Para eso conviene hacer la visita temprano, entresemana, cuando los custodios apenas están quitándose las legañas y no se han puesto en modo de arreo de visitantes. Revólver místico para renacer en la maternidad se disfruta más así.



 

En esta expo es la primera ocasión que veo aprovechadas del todo las paredes -algunas altísimas- del recinto. Alguien tuvo la feliz idea de usarlas como marco de las piezas que se exponen y el combo quedó muy bien. ¿Que con qué las adornaron? Uno de los textos explicatorios (de Zaira Espíritu) dice:

"El artista [...] crea y emplea figuras y colores que remiten a lo prehispánico o patrones que aparecen en objetos artesanales los cuales convergen con materiales industriales e imágenes fabricadas masivamente [...] Incluso los formatos que utiliza nos llevan del pequeño formato -íntimo- hasta la intervención total del espacio público."

Y justo así se percibe la exposición: como una gran intervención.







Otro texto explicatorio (de Citlali Ferrer) dice lo siguiente sobre la obra y su autor:


"Afanoso, trabaja cada pieza no sólo cuidando la forma sino también desde la exploración de su inconsciente. Autobiografía sensorial, bestiarios, particular imaginario, bitácora del camino. Agustín Santoyo encuentra grandilocuencia en lo pequeño. Del vértigo que le causa el vacío y como extensión de su vida, surge la obra. Fractales que obligan a pensar en la multiplicidad realidades. Emotivo diario íntimo, sentido del humor y gusto por los patrones encontrados en el arte popular, son algunos de los elementos que desvelan sus obsesiones."

Aquí meteré mi cuchara para decir que estoy de acuerdo con Citlali excepto en la parte donde menciona la palabra "fractales": yo no vi ninguno. Y no es que a la obra de Agustín Santoyo le falten o los necesite. La cualidad repetitiva de sus patrones (que me encantó por la variedad de texturas que logra) es muy chida, pero no son fractales. Creo que es un error común (ocurre hasta con computitos que deberían dominar el tema) pensar como sinónimo lo iterativo y lo recursivo. Yo no hallé recurrencia en la obra expuesta; no hay una expresión más compleja basada en varias instancias de la propia expresión. O dicho de otra manera: no hay autorreferencia que crezca en complejidad. Lo que sí vi, como ya dije fue un muy buen uso de patrones que se repiten.

( * Ve pasar los estepicursores porque no supe explicar bien el último párrafo * )

La parte que más me gustó de la exposición es el uso que le da Agustín Santoyo a sus moleskines. Yo nomás suelo escribir burradas sobre ellas, antes de perderlas o meterlas a la lavadora donde salen hechas engrudo o confetti. Snif.





Respecto a las piezas de la exposición que la bautizan hay un texto (de Anna Nin) que explica:


"Empecé a sentir miedo y pensé en mi madre. Me pareció ver la vida a través de sus ojos que encarnaban todos los ojos y me sentí reunida con ella. Y con la mamá de mamá, y con la mamá de la mamá de mamá y la mamá de la mamá de la mamá de mamá... hasta encontrarme con todas las madres en medio de un silencio espiritual. Sentí mi cuerpo florecer como corazón de una fuerza que disparó un revólver místico. Morí para renacer en madre.
Agustín Santoyo une origen y presente para hablar sobre la creación. Revólver místico para renacer en la maternidad surge de las 36 horas de trabajo de parto del nacimiento de nuestra hija Nina.
[...]"




Intervención de la expo en mi cabeza


La siguiente vez que ponga mi cara ante una vulva será inevitable la asociación con el cañón de un revólver. No veo problema en eso, al contrario.

Recomendación

Vayan a mirar, estará en El Amate hasta el 5 marzo de 2017. El acceso no está prohibido a menores de edad que vayan acompañados por un adulto.

Actualización Me informa Patricia Godinez (aka la locutora favorita de radio universitaria) que la intervención de las paredes del Amate y que yo pensaba que era ocurrencia de la Secretaría de Cultura fue autoría, también, de Agustín Santoyo. 

Lo que agrega mucha awesomeness a la expo.

martes, diciembre 13, 2016

Basura doble, impresión lectora

¿Qué cosa es?

Es un libro doble, que contiene un texto de Davo Valdés (El silencio de los hipopótamos) y otro de Amaury Colmenares (La furia y los tormentos). Ambos son escritores que viven y trabajan en Cuernavaca. En la confección del libro también participaron dos editoriales y dos ilustradores: Lengua del Diablo y Acalasletras Ediciones, y Pablomorzza (¡merca libretas chidas!) y Guro, respectivamente. La primera vez que se presentó el libro en sociedad (o la primera vez de la que yo me enteré) fue el 20 de febrero de 2016 en el Cine Morelos.



¿Cómo lo obtuve?


El editor de Lengua del Diablo, Efraím Blanco, dio taller de minificción durante el primer semestre del Diplomado en Creación Literaria. En el ejercicio de la última sesión (que acabé con desparpajo de tuitero) hubo oportunidad de recibir de regalo un libro de su editorial y me tocó Basura Doble. Ese mismo día en una borrachera (en la escuela les decimos simposium) perdí el libro.

Moraleja: no me regalen libros si lo que sigue es abrazarse a una chela.

Meses más tarde, me enteré que bandas y escritores morelenses irían un sábado a invadir el tianguis del Chopo. Fue un día feliz que sirvió para reponer el libro perdido y que comencé a leer a mi regreso a Cuernavaca.

Bonus point en la experiencia lectora: una de las ilustraciones de La furia y los tormentos consiste en un pene venudo y peludo. En el viaje de regreso, cuando llegué a esa parte del libro, por razones ajenas al contenido, me quedé mirando a lontananza. Después de no sé cuántos minutos, la señora que venía a mi lado me exigió que diera yo vuelta a la página, no porque estuviera ella leyendo sino porque la ilustración la había escandalizado en su velaperpetuismo. Obedecí, avancé unas páginas al azar y aterricé en la que tiene la ilustración de un mojón del tamaño del Popocatépetl. Mi tino para las obscenidades es de campeón.

¿Qué me gustó del libro?

Aquí haré trampa. Lo que me late más del libro no está dentro de él: es un elemento extratextual que se llama Ruina Tropical. Davo y Amaury explican mejor qué es , aquí sólo diré que Ruina Tropical es un proyecto/iniciativa/empresa cultural/club de cuates/convocatoria/hashtag cuyo objetivo es mostrar que se puede crear desde la ruina en la que se ha convertido Cuernavaca. Es una colectividad que también tiene paralelismo con la cantidad de manos que participaron en el libro.

Ahora bien, eso no significa que las interioridades de Basura doble carezcan de interés. En ambos textos hay imágenes muy logradas.

Mi imagen preferida en La furia y los tormentos es el caos que provoca el hombre que corre en pelotas por toda Cuernavaca. Quedó muy bien retratada la incompetencia de las autoridades para resolver cualquier asunto (aunque el hombre que corre sea más fuerza de la naturaleza que individuo). También estuvo chido que el enfrentamiento y solución ocurriera entre ciudadanos comunes puestos ante circunstancias extraordinarias: es lo que suele pasar, no sólo en esta ciudad arruinada sino en todos lados.

En El silencio de los hipopótamos mi imagen favorita fue la que tiene el protagonista (un oficial de policía que chambea dirigiendo el tráfico como si fuera una orquesta) cuando visualiza a su crucero como la vagina de la ciudad. Es algo con lo que también coincido, pero sólo en lo sexual, no en lo geográfico: yo digo que si Cuernavaca tiene recovecos húmedos para explorarle son las profundidades de sus barrancas.

¿Qué fue lo que no me gustó?

Dos cosas. Va la primera y menos importante. Tanto La furia y los tormentos como El silencio de los hipopótamos me los vendieron como novelas, y lo que yo leí fueron cuentos largos. En mi cabeza deformada por una clase ultramaratónica de género literario, una novela requiere que a los personajes les pasen (¿sufran? sí, pero sin que por ello el sufrimiento deba ser solemne) muchas más peripecias que lo que les ocurre a los personajes de ambos textos. Admito que al protagonista de El silencio de los hipopótamos le pasan más cosas que a los de sus contrapartes de La furia y los tormentos, pero no las suficientes para que el texto pase del terreno del cuento al de la novela.

No obstante, reconozco que una discusión de género es tan importante como sentarse a dictaminar la necesidad de no ponerse los calcetines al revés. Entonces olvidémosla.

El otro problema que quiero abordar tiene que ver con el asunto extratextual de la pregunta previa. En ninguna otra parte de los dos textos (excepto por las imágenes que ya mencioné) ocurre que Cuernavaca sea algo más que circunstancia. Es decir, ambas historias creo que pudieron ocurrir en cualquiera otra ciudad distinta a esta ruina tropical. De eso me di cuenta recientemente cuando tuve que leer a un ruso que se llama Boris Pilniak quien escribió Caoba, que es un cuento genial en ese sentido: los hechos narrados sólo pudieron ocurrir en Caoba, un lugar en el que nunca he estado y que en el cuento trasciende lo de ser circunstancia; es un personaje omnipresente en todo lo que hacen o dejan de hacer los personajes. Creo que eso es lo que le falta a los textos de Basura Doble.

¿Lo rolaría?

Sí. Ya lo he hecho. Entiendo que en este canal (en el que sí saben hacer reseñas) habrá próximamente una de Basura Doble. Dense.


¿Lo reelería?

Hace unos años, cuando quería contestar esta pregunta -sobre cualquier libro- veía el espacio vacío que me quedaba en el librero y evaluaba mi disposición a dejar material de relectura.

Ahora, las mudanzas me han vuelto más pragmático, así que para dar respuesta a esta pregunta hago un cálculo para contar los segundos que hay entre este momento y el de mi muerte inminente. El número queda en el orden de 1 x 10 a la 9, entonces me imagino usando algunos de esos momentos para releer un libro y eso me provoca una de dos reacciones. A continuación va la correspondiente a la relectura de Basura Doble.



Si ven el libro cómprenlo y léanlo. Está bara y está bonito. Y cuenten qué les pareció.