sábado, 26 de julio de 2008

La explicación última del estado de las cosas

Ayer estaba yo en lo más profundo de los abismos de la desesperación por mi chamba pitera.

Desesperado como estaba recurrí, como veo que lo hace todo mundo, a diosito.

Descubrí que, igual que muchos despistados, Dios encara la vida con el expedito recurso de mirar al horóscopo.


miércoles, 23 de julio de 2008

Soy softteka

Trabajo en Softtek y no estoy satisfecho.

Otra ocasión abordaré la pregunta ¿pues qué haces ahí si nadie te está obligando? Por ahora sólo platicaré de porqué digo que una empresa que está calificada entre los 100 mejores lugares para trabajar en México provoca insatisfacciones que apenas se compensan con lo que pagan cada quincena.

Llevo 13 meses trabajando en Softtek. Para quien no la conozca Softtek es una empresa que se dedica a ofrecer servicios informáticos a quien se deje. Eso de servicios informáticos es un eufemismo para decir que cuando un cliente quiere que en algún ámbito de su operación intervenga sotguere, nuevo o existente, se le ofrecen uno o varios computitos para fabricar o administrar dicho sofguere (lo de administrar es otro eufemismo para no usar otro verbo más corto y preciso: torear).

Esto no es ni novedoso ni original (aunque hay quien insiste con entusiasmo rebuznante en lo contrario). Existen un chinguero de consultorías de sofguer que se dedican a lo mismo y que, por lo que me cuentan computitos de otras empresas, en el fondo tienen las mismas deficiencias que Softtek.

En el caso de Softtek esas deficiencias (en este mundillo se suele usar la frase áreas de oportunidad para no decir deficiencias y no afectar la estima y etcétera, ¡bah!) las voy a ejemplificar con algunas historias de chamba.

Historia de chamba softteka 1:

Ví a un cuate contemplando la imagen de una medalla que le llegó por correo. Yo, que aún me estremezco al recordar el tremendo esfuerzo que me costó ganarme una, pregunté:

- ¿Esa medalla fue por participar en alguna carrera?

- No - me dijo. - Es la que mandan cada año que pasas en Softtek.

Leí el mensaje que acompañaba la medalla. Consistía en felicitaciones por haber cumplido 4 años en Softtek y en sendas promesas de crecimiento conjunto.

Tres días más tarde corrieron a mi cuate por que no había chamba y Softtek no tenía con qué pagar su sueldo en lo que le encontraba otro proyecto.

Historia de chamba softteka 2:

Se terminó abruptamente un contrato en el que Softtek tenía puestas muchas esperanzas y la empresa se enfrentó a reubicar aproximadamente a 350 personas entre las que me encontraba yo.

Cuando estuvo claro que para una docena de nosotros no habría proyecto nuevo pronto, Softtek decidió hacer un movimiento valiente.

- Oigan chavos - nos dijeron aunque entre el grupo había gente que ya tenía nietos. - ¿No quieren incursionar en una plataforma nueva? Sería Mainframe - COBOL.

- Puaj - pensé yo y por la jeta de los que me rodeaban creo que no era el único.

Después de 12 semanas de capacitación y de evaluaciones rarísimas (¿qué diferencia hay entre el IDCAMS y el IEBGENER?) ya estábamos listos - o eso creíamos- para hacer frente a lo que nos pidieran.

A continuación pasaron tres meses de inactividad creciente antes de que nos dieran nuestro primer requerimiento. Para cuando llegó ya habíamos olvidado lo que aprendimos.

Historia de chamba sotteka 3:

Esto ocurrió durante un curso de integración que nomás entusiasma a los organizadores y a uno que otro softteka novato.

- Y aquí en Softtek amiguitos - nos decía el orador poniendo los ojos de huevo - van a encontrar inigualables oportunidades de crecimiento. Cada vez que terminen un proyecto recibirán una retroalimentación de sus líderes que en caso de ser positiva servirá para aumentarles de factor (de sueldo, pues).

- Oye - me dijo uno que sabía que ya llevaba yo varios proyectos en Softtek - ¿cuántas retroalimentaciones te han hecho?

- Ninguna - dije. - Mis líderes suelen mirarse los zapatos cuando les menciono eso. Y lo mismo ha pasado con los líderes de la mayoría de mis cuates.

Nota: aquí aprovecho para mandar un saludo a Susana, la última lideresa que he tenido y que si está dedicando tiempo a hacerme una retroalimentación. Lo único malo es que el proyecto al que estuvimos asignados por los rumbos de Isabel la Católica, abortó antes de que yo escribiera la primera línea de código (pero eso no fue culpa de Softtek sino del cliente que ni conoce su changarro). Creo que él único comentario sobresaliente de la retroalimentación que Susana me haga va a decir: "Héctor sabe cuál es la casa de los Condes de San Mateo de Valparaíso".

Historia de chamba softteka 4:

Ya que estaba yo encarrilado en Mainframe - COBOL y podía atender un requerimiento con poca o ninguna supervisión y con una mano atada a la espalda, me dicen:

- Vete a este otro proyecto en VB 6 (VB 6, avezados lectores, ha de ser la herramienta en la que más computitos han programado y por lo tanto es la herramienta en la que más posibilidades hay de que uno se encuentre código lacrimógeno).

El problema es que eso pasó hace 2 meses y no hay señales de que yo vaya a continuar atendiendo requerimientos en Mainframe. Pronostico que todo el esfuerzo mío y el de Softtek para que yo aprendiera a dar sainetes frente a una terminal de mainframe se irá al carajo.

Historia de chamba softteka 5:

Otro cuate, quien pasó por la misma ordalía que yo de cambiarse de plataforma, estaba afanándose en su programa cuando recibió una llamada de las que están en reclutamiento.

- Necesito que vayas a una entrevista de trabajo - le dijeron.

- Nomás que platiques con mi líder pues estoy ocupado con un proyecto - reviró mi cuate.

- Es importante que vayas -insistió la de reclutamiento. - Según mis registros llevas 6 meses sin asignación.

- ¿O sea que todo el trabajo que he hecho en estos 6 meses no ha contado?

Lo corrieron. Ignoro si fue por respondón o por que las de reclutamiento no saben nada.

Y ya. Ya me cansé de dedicarle líneas a Softtek.

pd. Quizá algún lector esté alarmado por mi futuro en Softtek. No porque Softtek ofrezca más que un panorama gris y nebuloso para mí, sino porque ese futuro, por más pitero que sea, lo ponga en riesgo yo por escribir estas líneas. Pero tales temores son infundados. Si bien considero que los altos jerarcas softtekas tienen el mismo sentido de autocrítica y humor que un ladrillo -lo mismo que en el resto de consultorías de ese tamaño- dudo que alguno de ellos lea este blog chafita.

Actualización: Hallé dos lugares donde tampoco están muy contentos con Softtek.

1) Softtek en España
2) Softtek en Monterrey, NL.

viernes, 18 de julio de 2008

¿Yo, meditar?

Ayer me encontré en la cafetería del edificio del banco bananas en Santa Fé (a donde nomás voy a calentar el asiento) un folletito verde serenidad que decía en su portada:

Meditar te hace feliz. Clases de budismo y meditación.

En su interior había varias direcciones repartidas en la ciudad a las que se puede asistir para que, a cambio de una hora y un donativo de 50 pesos, uno obtenga a) relajación, b) enseñanzas basadas en el budismo, c) breves minutos de oraciones y d) una meditación guiada.

Mientras leía de qué iba el folleto alguien comentaba maravillas de esas sesiones. Yo, naturalmente, lo tomé con escepticismo por lo siguiente.

De manera regular me sumerjo en profundísimas reflexiones. Tan sumergido quedo que no falta quien me interrumpa a bofetadas al percatarse de que llevo decenas de minutos sin hacer ni decir nada mientras mi mirada está fija en algún punto sobre el horizonte.

- Regresa - me espetan creyendo que abandoné mi cuerpo.

Esos lapsos, algunos los interpretan como evidencia de imbecilidad (aprovecho para aclarar que si en estos episodios me orino en los pantalones no es por falta de control de esfínteres sino porque así me refresco). Otros con inclinaciones paranormales creen que ando en viaje astral. Los fans de M. Night Shyamalan se acuerdan de The Happening y piensan que estoy a punto de tirarme de cabeza por una ventana siguiendo las órdenes olfativas de los árboles que no he talado. Y los que saben de mi epilepsia esperan verme bailar watussi (al que no le guste los plagios que hago de Stephen King ahí va otro para su entretenimiento: caga en tu zapato y trágate la mierda).

Pero lo cierto es que nomás “me pierdo” cuando lo que me rodea me parece aburrido o aturdidor. Por ejemplo las horas de mi chamba pitera transcurren en su mayoría estando yo en trance. Eso es porque recurro al vasto contenido de mi mansión mental (lo de la mansión mental no lo robé de Dreamcatcher de Stephen King, ni de Hannibal de Thomas Harris, me lo robé de Trial by Fire de la JLA de Joe Kelly y al que no le gusté es porque su bagaje mental nomás consiste en una caja de zapatos rellena de aserrín).

Así pues, puedo ver una película, leer un comic o un libro, escribir ficción o sofgüer o imaginarme salvando al planeta de un asteroide de magufos. Todo en mi cabeza. Y no tiene nada de extraordinario; cualquiera que pueda acordarse de lo que desayunó el día en curso y tenga algo de imaginación puede hacerlo (bueno lo de escribir sofgüer nomás se puede si se es computito).

Ahora bien, regresando a lo de los cursos para aprender a meditar, yo estaría dispuesto a probarlos si los beneficios de dar paseos en mi bagaje mental fueran inferiores a los que provienen de la meditación que los budistas alegan como medio para alcanzar la Iluminación (noten la mayúscula en Iluminación para distinguirla de la que la compañía de luz y fuerza del centro factura).

Así pues he buscado confirmación a esta idea de que lo que ocurre en la choya de un monje budista con miles de horas de meditación sea algo muy distinto a lo que ocurre en la mía (o en la de cualquiera) cuando me hallo a mis anchas en los recovecos de mi memoria.

Lo malo es que no hallé algún estudio que hiciera esa comparación. Pero en cambio hallé otras cosas interesantes sobre el tema de la meditación.

1) Richard Davidson halló en 2004 que los que llevan más horas meditando producen más ondas gama que los novatos cuando ambos grupos paran de meditar. La frecuencia alta de ondas gama dicen que está asociada a una mayor percepción. Lo cual no tiene fundamento histórico según yo. Uno de los campeones mundiales de la meditación, el Dalai Lama, hasta la fecha no ha logrado percibir que China no le va a devolver su terraza por más ooommms que recite.

2) Un metaestudio de 2007 en la Universidad de Alberta analizó 813 estudios sobre los beneficios salutíferos de la meditación en problemas como hipertensión, enfermedades cardiacas, abuso de sustancias además de fibromialgia, depresión, desórdenes de ansiedad, dolor crónico, cáncer y diabetes. El metaestudio concluyo que los 813 estudios están hechos con las patas y que no sirven para probar que la meditación tenga algún valor terapéutico.

Conclusión: por el momento paso de la meditación budista y me quedo con los chingomil trebejos de mi memoria.

pd. Además no necesito meditar para ser feliz. Viendo este trailer me puse más contento que un montón de monjes budistas mirándose el ombligo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Calcular la probabilidad de ganar el primer premio del Melate y Cómo hacer para ganárselo

Las del título son de las búsquedas más frecuentes con la que llegan anuméricos a este blog.

Abordemos pues esos problegómenos derivados de una mezcla de insatisfacción laboral y de anumerismo.

I. Calcular la probabilidad de ganar el primer premio del Melate.

Este cálculo es muy sencillo. Nomás se requiere una calculadora y hacer a quien atienda el estanquillo donde haya una maquinita de pronósticos la siguiente pregunta:

- Buen día, ¿sería tan amable de informarme siendo S un conjunto de n elementos de los cuales se escogeran k elementos, qué enteros son n y k si definimos como S a su sorteo de melate?

Quien esté atendiendo la maquina de pronósticos no va a saber de qué putas está hablando uno a menos que conozca algo de combinatoria básica, por lo tanto es mejor fijarse en la papeleta donde uno tacha los numeritos del melate y contar cuántos tiene (al momento de escribir estás líneas creo que son 56).

Aquí hay que preguntar si cada combinación participante sigue consistiendo de 6 números. Como lo más seguro es que respondan que sí, entonces uno procede a:

a) Hacer seis multiplicaciones a partir del número más grande posible a escoger (en este caso 56) con los enteros menores sucesivos, es decir:

56 x 55 x 54 x 53 x 52 x 51

b) Ese número luego hay que dividirlo por el factorial de 6; que se expresa 6! donde el ! no quiere decir que a uno le de emoción mentar el 6, sino

6 x 5 x 4 x 3 x 2 x 1 que equivale a 720.

c) Esa división nos da el número de combinaciones distintas con las que puede uno participar en el melate. Añado que también equivale a la cantidad de canas que he provocado en anónimos imbéciles (excepto de uno a quien conocí cuando ya estaba quedándose calvo):

32468436 combinaciones.

Para aquellos que les maree tanto número se los voy a letrear: treinta y dos millones cuatrocientos sesenta y ocho mil cuatrocientos treinta y seis combinaciones.

d) Para finalizar a nuestro numerote se le pone encima un 1, o el número de combinaciones que uno va a comprar, con una rayita horizontal debajo y esa es la probabilidad de que uno se lleve el primer premio del melate. Si se compra una sola combinación la probabilidad de tener una muerte violenta es mayor a la de ganarse el primer premio del melate. No se espanten, eso último fue una comparación chafita y no tiene una cosa que ver con otra.

Corolario: Por supuesto si cambian las condiciones (la cantidad de números a escoger o el conjunto de entre los que se pueden escoger) el número de combinaciones cambia. Por ejemplo hace pocos años el conjunto era de 47 números. En esas condiciones la probabilidad de llevarse el primer premio con una sola combinación era de

1/10737573, es decir 3 veces más probable que ahora aproximadamente.

Por lo tanto si Pronósticos quiere hacer más improbable que alguien se lleve el primer premio lo que redunda en que haya más sorteos con más participantes y bolsas más grandes, basta con que ponga más numeritos en la papeleta que uno tacha lleno de esperanzas de dejar su chamba pitera y tan tan.

II. Cómo hacer para ganar el primer premio del melate.

Vamos a partir del supositorio que los sorteos de Melate son justos (se me ocurre al menos una manera de que Pronósticos pudiera hacer trampa en el sorteo para disminuir la probabilidad de conceder el primer premio pero de eso platicamos otro día).

Ahora bien ya conocemos la probabilidad de que una combinación participante sea la del primer premio. Nuevamente:

1/32468436 con 6 números a escoger de un conjunto de 56.

Para estar 100% seguro de llevarse el primer premio del melate hay que obtener una probabilidad de 1. Y para eso hay que participar en un sorteo comprando 32458436 combinaciones distintas.

Es la única manera. Y sale caro.

Corolario: Quien les ofrezca un sofgüer apantallapendejos para calcular la combinación ganadora de un próximo sorteo es un estafador. Y la manera más fácil de revirar esas promesas chaquiriscuetas consiste en preguntar cuánto más probable es que la combinación que a uno le quieren vender resulte ganadora y no cualquier otra. Debido a que es imposible que esa probabilidad sea algo distinto a 1/32468436 en cualquier sorteo (con 6 a escoger de 56) entonces queda clara la estafa.

pd. Ahórrenme los comentarios de próximos números ganadores.

lunes, 7 de julio de 2008

Otra idea no tan genial para promover el pensamiento crítico entre los mocosos

La lupe y yo fuimos a un officemax por unas impresiones y cuando comprendimos que iban a tardar pues aparentemente sus impresoras a color consisten en unas cajas donde introducen a un enano con crayones para que dibuje la imagen que uno le manda, fuimos a pasearnos por los pasillos de la tienda.

Ahí me encontré con una obscenidad un anaquel de cuadernos.


- ¡Por la piedra para afilar de Guillermo de Occam! - dije cuando leí la plegaria que acompañaba la portada de esta virginísima virgen de Guadalupe.


Me parece muy bien que Scribe piense en los adoratrices que asisten a la escuela creyendo que rogar por la intervención de la virgen de Guadalupe es mejor estrategia para pasar de grado que usar el cerebro y ponerse a estudiar, y ponga a su disposición cuadernos cuya portada exprese sus creencias.

Lo que en cambio está del nabo es que no haya cuadernos para aquellos mocosos que quizá tengan algo distinto qué decir. Algo como lo que sigue:

"Aquí escribo lo que he aprendido para entender cómo funciona el mundo. Sin mayor intervención de amigos imaginarios que los números cuyos cuadrados son negativos."

pd1. La única falla que le veo a mi idea genial de cuadernos para escépticos y agnósticos noanuméricos es que Beam tenga razón y el que los use vaya a tener sexo hasta que cumpla 40 años.

pd2. Releyendo mi bosta me acordé que tengo pendiente escribir sobre los exvotos... nomás que logre sacar fotos dentro del museo de la basílica sin que a su vez me saquen a patadas de ahí.

pd3. Enigma: ¿por qué le habrán dibujado tijeras en lugar de manos a la virgen?

sábado, 5 de julio de 2008

martes, 1 de julio de 2008

El disparate de que le pidan a uno escribir cosas serias

Más de alguno me ha preguntado porqué no escribo "cosas serias" en vez de andarme pitorreando de aquello con lo que no estoy de acuerdo.

Para abordar esta cuestión voy a recurrir a uno que en el negocio de juntar dos frases tiene más colmillo que yo. Lo cual también servirá para presentarles, avezados lectores, a un señor a quien recién conocí y que ya ha ocupado junto con Jorge Ibargüengoitia y un puñado más, un lugar entre mis autores de cabecera.

Va.

En cuatro o cinco ocasiones, he podido comprobar que otras personas aseguraban no sólo que las mujeres de mis libros son todas unas desvergonzadas, sino también que suelo echar excesivamente a broma cosas muy serias y pro­blemas graves. Y hasta una interesante dama argentina me escribía en el pasado noviembre desde la residencia de Rosario:

"¿Con qué derecho, dado por quién, asentado en qué razones destruye usted sin construir y comete el crimen de tener talento para ponerlo al servicio del mal?"

Un elogio desmedido y una acusación que eriza el vello... Y agregaba en otro párrafo:

"Amigo Jardiel: váyase de Madrid; rompa la cadena que le liga a fal­sas almas de mujeres y de hombres estragados por esa enfermedad de las ciudades modernas que es el escepticismo..."

Para concluir preguntando:

"¿Por qué se obstina en no escribir con seriedad y credulidad de las cosas trascendentales?"

Es verdad que he echado a broma cosas trascendentales, problemas serios, quizás gravísimos. Es verdad, asimismo, que las mujeres de mis no­velas son unas desvergonzadas: Sylvia Brums, Mignonne Lecceur, Drasdy, Palmera, Suaretti, Musía, Siska, Ann Hills, Vivola Adamant...


Me declaro culpable de ese pudding de infamias.

Pero... ¿qué hacer? ¿Cómo escribir de otra manera?

¡Ay, yo bien querría pintar el idilio que la ingenua muchacha ena­morada sostiene con el gallardo teniente de Infantería o con el estudioso licenciado en Derecho!... Querría describir sus tiernas escenas de amor en el jardín, sobre el repecho de la ventana enjalbegada por la luz de la luna, o en la acogedora chaise-longue del saloncito familiar...

Mas —lo juro—: no puedo. Todo eso me da náuseas. Y ni encuen­tro interés en la charla por guerrillas del gallardo teniente, ni en las duras oposiciones que va a hacer el estudioso licenciado, ni en los soberbios kilómetros de encaje que fabrica la ingenua muchacha.

La vida de las muchachas honradas, que es adorable para el mundo y que en un tiempo lo fue para mí propio, me recuerda el sabor insufrible del bacalao a la vizcaína o de los callos a la madrileña. Y en un punto a interés novelesco, encuentro desde luego mucho más interesantes las noticias detalladas del avance catastral.

De igual modo querría también escribir en serio —aun a pique de arruinar mi pequeña finca literaria —de cosas graves, y desentrañar con los bisturís de la serenidad y del buen juicio los todavía tenebrosos pro­blemas de la vida y del alma. Querría fijar en el ánimo del lector una ex­celente idea de la Humanidad, de la Divinidad, del Mundo, de la Moral, de la Amistad, del Amor y de tantas cosas cuya envergadura nos obliga a utilizar las letras mayúsculas para expresarlas por la palabra escrita. Querría decir que todo es perfecto, bueno y justo; dar soluciones a conflictos políticos y sociales; cantar la honradez, la delicadeza y la nobleza de los seres; plasmar las tremendas penas del Infierno, los deleites exqui­sitos del Cielo y la idiotez insuperable del Limbo; querría —en fin— afir­mar incluso que el Petróleo Gal crea glóbulos rojos y que los Hipofosfitos Salud contienen la caída del pelo.

Pero no puedo hacerlo... No puedo. ¡No puedo!

Y si lo hiciera, mis palabras sonarían tan a hueco como un tambor y sabrían tan a falso como un asiento de rejilla.

Porque... ¡qué narices!; lo menos que se le puede pedir al que es­cribe, es que lo haga con sinceridad. Y uno sabe ya que cuanto se abarca con los sentidos —y hasta lo que cae fuera de ellos— no es sino una sinfonía de mentiras inmensas, extendidas desde el hígado de pato que aseguran darnos en las terrinas de foie-gras, a las palabras —llenas al pa­recer de pureza— de un apóstol social o espiritual, pasando por los es­tremecimientos fugaces de dos enamorados, que empiezan hoy a recitarse versos para llegar mañana a vomitarse injurias.

A lo largo de las edades una serpiente venenosa va rodeando el mun­do poco a poco, milímetro a milímetro: es el desencanto.

Y ahora los anillos viscosos de la serpiente lo cubren ya todo —mares y tierras— desde los glaciares del Sur al helado continente del Norte y desde las azoteas de Manhattan hasta las playas voluptuosas de la Australasía.

Aquel famoso "mal del siglo", que sufriera en el Jura Rousseau, se ha infiltrado en el organismo de cuantos dedican unos instantes del día a reflexionar.

Y contra él se sigue recomendando la misma medicina de antes: cerrar los ojos. Cerrar los ojos y sustituir la vista con la fe.

Pero ese remedio es demasiado antiguo: los avestruces vienen empleándolo desde que se instalaron por primera vez en las llanuras del África, y cuando un peligro les acecha, esconden la cabeza bajo las plumas, por­que al dejar de verlo, piensan que el peligro ha desaparecido.

Sin fe en los hombres y en las cosas, advirtiendo claro lo falso y lo frágil de todo, desprovistos de un remedio eficaz que nos cure de esta fatiga innata —y que probablemente sólo es el peso de cuatro mil años de bestialidades históricas gravitando sobre nuestros cerebros—, ¿qué pue­de exigírsenos a los que hemos nacido en esta época utilitaria, egoísta feroz, sin más grandezas que las conquistes mecánicas?

El cemento aplasta la idealidad. AÍ romanticismo lo ahoga el petróleo. Y todos los impudores desatados nos ponen ante los ojos, en carne la verdad.

Después de eso, sabido eso... ¡aún se protesta!...

¿Qué se pretende? ¿Que los Jóvenes de hoy, los que estamos junto a esa edad sincera e insobornable de los treinta años, acumulemos sobre las viejas mentiras, mentiras nuevas?... ¿Es obligatorio que creemos más tipos de mujeres celestiales para restaurar con purpurina la bola de la ilusión y que pueda seguir rodando? ¿Hemos de presentar todavía como real lo fantástico, con objeto de que a la hora del tránsito se muera a gusto y esperanzado cualquier desconocido mamífero provisto de cédula personal de onzava clase? ¿Habremos de intentar resolver problemas, que ya las trayectorias de la Humanidad nos han hecho ver como insolubles, para que ciertas personas hagan en paz sus digestiones?

Por mi parte, he aquí lo que se me ocurre contestar.

¡MIAU!...

¡Miau!, señoras y caballeros, ¡miau! y nada más.

Y no es que yo pretenda destruir... ¿Se puede destruir diciendo miau?

No pretendo destruir, mi amiga de América, y eso hay que agradecerme, porque otro cualquiera en mi lugar, lo intentaría. Lo que hago, simplemente, es reírme.

Me río de todo, porque todo es risible. Me río de mí mismo, porque formo parte de ese todo. Me río —¡oh, qué vergüenza me da confesarlo, pero es verdad y no hay más remedio! — me río de usted también, amiga mía...

Su carta me proporcionó uno de los ratos más divertidos que recuerdo, en particular aquel párrafo en que me hablaba del campo como de un específico, fosfatado, y me descubría las delicias y bellezas del grand air. (¿Sinceramente piensa que el olor del tomillo puede variar una constelación de sentimientos y un sistema de ideas?) Eso me dio clara muestra del diferente modo que a usted y a mí nos hacen reaccionar las cosas. ¡De que distinta manera —por ejemplo— nos hace reaccionar el campo! A usted, por lo leído, la encanta, la alegra, la tonifica, la limpia el alma. Yo me he pasado dos veranos debajo de una tienda de campaña, y si no hubiera vuelto a Madrid, habría acabado tan neurasténico y depauperado como Carlos II, aquel rey desventurado que soñaba con montar los caballos de los tapices que adornaban su cámara.

¡El campo! El campo... Nunca me ha parecido el campo más deleitoso que cuando he pensado en él sentado en un sillón de la ciudad.

No, amiga mía, no pretendo destruir, sino reírme. Y a lo sumo, lo que hago de malo es poner en relieve algunas verdades.

Lo que sucede es que la verdad es horrenda. (Y por eso los egipcios obraban cuerdamente cuando tapaban con un espeso velo la imagen de Isis en Sais.)

La verdad es más que horrenda: la verdad es espantosa. (Y por eso, también, el fin de la Religión, de la Moral, de la Política, del Arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos, más que ocultar la verdad a los ojos de los necios.)

Pero... ¿debo, asimismo, ocultar la verdad?

No. Porque yo no he escrito, ni escribo, ni escribiré jamás para los necios. Y si algún necio me lee, peor para él por meterse donde no le llamaban.

Mi posición es, pues, la de ayer, la de mañana, la de siempre:

RISA FRENTE A LA VERDAD

¿Que el fondo del corazón humano es negro?

¡Risa!

¿Que no hay nada en el mundo, ni lo más puro, que no se doblegue al dinero?

¡Risa, risa!

¿Que todo está edificado sobre mentiras asquerosas, y mantenido por injusticias eternas? ¿Que lo inmutable se ciñe sobre nuestros actos? ¿Que la mujer es?... ¿Y el hombre es?...

¡Risa, risa!

¿Que no hay categorías morales, sino sociales? ¿Que la traición y la envidia son el leit-motiv de la existencia? ¿Qué hasta los propios hijos han de volvérsenos un día como enemigos implacables?... ¿Que todo va a acabar en un agujero solitario, lleno de mugre, de podredumbre y de barro?

¡Risa! ¡Risa! ¡Risa!...

A los inteligentes no debe ocultárseles la verdad, de la misma manera que a los Santos nadie les ocultó el vicio. Por el contrario, hay que descubrir la verdad; cogerla de improviso; mirarla cara a cara sin pestañear, de igual modo que miramos la factura del gas a primeros de mes. Y cuando podamos contemplar, libres de estremecimientos, aquel semblante repulsivo, entonces... ¡a reír! ¡A reír hasta hartarse!

¿Tomar las cosas en serio? Los burros y los hombres formales esos si toman las cosas en serio.

Pero es que un hombre formal sólo se diferencia de un vagón de burros en que hace menos bulto y en que va al café a discutir de política.

Todo lo que va dicho resulta bastante amargo. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un Aperitivo.

Por lo demás ¡poco que me he reído yo escribiéndolo!...

E.J.P.
Este fue Enrique Jardiel Poncela (léanlo y seguro aprenderán algo) en el prólogo de "Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?