miércoles, febrero 24, 2010

El próximo ridículo que haré

Memo quien está asistiendo a un taller de divulgación científica, tuvo la ocurrencia de compartir conmigo la siguiente convocatoria.


Según el pdf donde están las bases esta es la quinta, quinta, quinta, edición del certamen "Teresa Pinillos" de ensayos de divulgación científica y humanística y lo organizan La Universidad de La Rioja y NexoCiencia entre otras instituciones y asociaciones dedicadas a la divulgación de la ciencia.

Pueden participar investigadores de organismos públicos y privados de investigación, estudiantes de doctorado y técnicos, estudiantes de grado y licenciatura, profesores de bachillerato y secundaria, y divulgadores, periodistas científicos y escritores de bitácoras científicas, es decir cualquier interesado en el género de la divulgación científica. Supongo que hasta para autores de blogs piteros como este, está abierta la convocatoria.

Hay 2 premios principales de 2500 y 1000 euros, respectivamente, y premios especiales de 600 euros. Estos últimos separados en categorías de ciencias básicas (química y psicología) y ciencias aplicadas (energía, nanotecnología, biotecnología y tecnologías de la información y comunicación).

Paréntesis: ¿La psicología es una ciencia básica?

Ojo, esto no quiere decir que todas las participaciones tengan que ser sobre química, psicología, energía, nanotecnología, biotecnología y tecnologías de la información. Nomás es una invitación a escribir sobre esos temas. El certamen está abierto a todos los campos del conocimiento.

La extensión de los textos debe ser de 1500 a 2500 palabras sin incluir las referencias bibliográficas de las que se permiten cinco como máximo.

Los textos se envían por correo electrónico usando una plantilla disponible en la página del certamen, más una copia en PDF al correo participantes.ensaya@nexociencia.org indicando como asunto "Ensaya 2010: [titulo del texto]". El plazo de entrega termina el 15 de junio de 2010.

El fallo se dará a conocer antes del 31 de Oct de 2010.

Yo le voy a entrar. ¿Con qué tema? Con uno de matemáticas, por supuesto (inédito, no vayan a pensar que voy a mandar el del melate). Estaré publicando por esas fechas mi texto en este blog.

pd1. Les recomiendo mucho que lean los textos ganadores de los certámenes pasados. Hay unos muy buenos. Si van a participar, esos textos son lectura obligada para que vayan midiéndole el agua a los camotes.

pd2. Teresa Pinillos fue Vicerrectora de Investigación en la Universidad de la Rioja.

lunes, febrero 15, 2010

Traci Lords, el lobo siberiano y la Iglesia Católica.

En la gloriosa década de los ochentas descubrí una de las combinaciones ganadoras que ofrece la vida: puñetas y pornografía.

En aquellos días en que no había internet a la mano (que como todo mundo sabe sirve para ver porno) la pornografía de la que disponía era de puesto de periódico o de piratería fayuquera. La fenomenología del porno era un tema arcano para mí. Y si la hubiera yo dominado quizá no me habría servido de nada. Creo que sí hubiera llegado a decirle a mi dealer de confianza, "disculpe sr dealer de confianza ¿no tiene ud películas de gangbangs?" corría el riesgo de que me diera un cassette lleno de episodios de Los Intocables. En aquellos días la única categorización que manejaba eran tetas o culos.

La primera pornqueen que conocí como tal a mis 15 años, gracias al material de un pariente que se gastaba su quincena en pornografía que conseguía en Tepito, fue Traci Lords. Durante los siguientes meses le dediqué con exclusividad mis puñetas a Traci Lords. Creo que hay un par de callosidades en mi mano izquierda a las que les podría poner su nombre.

Esto que digo no tiene nada de especial, es la mismita historia de varios que sufrimos la adolescencia en los ochentas. ¿Entonces porqué ocupo tiempo en escribir estas líneas y uds en leerlas?

Pues porque esas puñetas mirando películas de Traci Lords constituyen un problema legal.

[Aquí inserte el lector su fragmento de rola de suspenso favorita: tan tan tan chan]

Resulta, avezados lectores que la mayor parte de las películas XXX de Traci Lords, nacida Nora Louise Kuzma en Ohio en 1968, son ilegales. Eso es porque Traci Lords, a la hora de hacerlas aún no cumplía los 18 años. Las películas de Traci Lords no son cualquier pornografía; son, de acuerdo a la legislación vigente gringa, pornografía infantil.

Agárrense las sotanas y llamen a las huestes de Lydia Cacho.

Eso no es un descubrimiento reciente, cualquier fan de Traci Lords lo sabe. Viene en su autobiografía. Un poco por novata y otro mucho por caliente ingresó al porno de la mano firme de su padrastro quien le consiguió una identificación donde decía que tenía 21 y no los 15 años que en realidad tenía. En los siguientes años filmó 21 películas de cogedera que los productores convirtieron en 100 (o eso dice ella), le pagaron y todos felices. Usó su dinero para formar su propia compañía productora que sólo hizo una película filmada en París a donde viajó con un pasaporte que le dió el gobierno gringo a partir de la identificación falsa que usaba.

Pocos meses después de eso llegó el FBI, acusó a media industria del porno por que Traci Lords había sido menor de edad a la hora de filmar varias películas y se acabó la diversión. (Más info en su entrada de la wikipedia). Nadie paró en el bote pues todos alegaron que habían sido engañados por ella de la misma manera que el gobierno gringo cuando le otorgó el pasaporte. Y el FBI tuvo que agregar otra rayita a su conteo de pifias.

De cualquier manera el resultado de esto fue que los orgullosos dueños de películas o revistas donde aparece Traci Lords en pelotas previas a 1986 se convirtieron, súbitamente, en poseedores de pornografía infantil.

En la actualidad, para algunos, tener una película de Traci Lords lo convierte a uno en un monstruo. Hacerse una puñeta con ella, según otros, es una abominación.

Para mí nomás es tener gustos retro.

Esto no es una apología a la posesión de pornografía infantil. Es un análisis de escenarios. Si ud amigo lector está en gringolandia, le cae la autoridad y le encuentra alguna foto o película XXX de Traci Lords de cuando era menor de edad, se puede ir al bote. Mejor desáhagase de ese material y consígase pornografía legal de pornqueens que sí sean mayores de edad y hágase puñetas legales.

O múdese a Europa.

O haga como los colegas de Traci Lords diciendo que fueron engañados tal como el gobierno gringo que le dio pasaporte.

O si todo lo anterior falla, hágale como el Lobo Siberiano aka Sacerdote Rafael Muñiz López: consígase a los mismos abogados que contrató la diócesis de Xalapa, que son capaces de hacer que un juez recule ridículamente en el caso de un sacerdote que tiene su computadora atestada de pornografía infantil y no precisamente con operasprima de Traci Lords. Hicieron tan buen trabao que el día de hoy ese sacerdote está libre por tecnicismos legales y no porque se haya comprobado su inocencia.

Pero tenga en cuenta que sí tiene pornografía donde un menor tiene sexo y ud sabe perfectamente que lo que está viendo es a un o una menor tener sexo, entonces se merece una buena patada por el culo y que lo refundan en el bote.

miércoles, febrero 10, 2010

La razón por la que digo que es mejor incluir buena ciencia que mala ciencia a la hora de escribir ciencia ficción

Va una bosta extensa (quizá la de más cuartillas que he publicado aquí) pero creo que vale la pena para quien quiera leer o escribir de ciencia ficción.

De el capítulo 9 de El cerebro de Broca de Carl Sagan. El énfasis en negritas es mío.


Ciencia ficción: un punto de vista personal

Cuando tenía diez años, decidí -desconociendo casi por completo la dificultad del problema- que el universo estaba lleno. Había demasiados lugares para que este fuese el único planeta habitado. Y a juzgar por la variedad de formas de vida en la Tierra (los árboles resultaban bastante distintos de la mayoría de mis amigos), pensé que la vida en otras partes debía ser muy distinta.

Me esforcé por imaginar como podría ser la vida, pero a pesar de todos mis esfuerzos, siempre pensé en algún tipo de quimera terrestre, en alguna variedad de plantas y animales existentes.

Por aquella época, conocí, gracias a un amigo, las novelas sobre Marte de Edgar Rice Burroughs. No había pensado mucho en Marte hasta entonces, pero, a través de las aventuras de John Carter, se me presentaba un mundo extraterrestre habitado, sorprendentemente variado: antiguas profundidades marinas, estaciones de bombeo en grandes canales y una multiplicidad de seres, algunos de ellos exóticos, como por ejemplo las bestias de carga de ocho patas.

La lectura de estas novelas resultaba estimulante. En un principio. Luego, poco a poco, empezaron a surgir las dudas. La sorpresa de la trama de la primera novela sobre John Carter que leí dependía de su olvido de que el año es mas largo en Marte que en la Tierra. Pero a mí me pareció que cuando se va a otro planeta, una de las primeras cosas que se hacen es la de enterarse de la duración del día y del año. (Incidentalmente, no recuerdo que Carter mencionase el notable hecho de que el día marciano es casi tan largo como el día terrestre. Es como si esperase que se reprodujesen las características habituales de su planeta natal en cualquier otro sitio.)

Había también otras observaciones menores en un principio sorprendentes, pero que tras una serena reflexión resultaban decepcionantes. Por ejemplo. Burroughs comenta de pasada que en Marte existen dos colores primarios mas que en la Tierra. Estuve muchos minutos con los ojos fuertemente cerrados, concentrándome en un nuevo color primario. Pero siempre seria un marrón oscuro parecido al de las pasas. ¿Cómo podía haber otro color primario en Marte y mucho menos dos? ¿Qué era un color primario? ¿Era algo que tenia que ver con la física o con la psicología?

Decidí que Burroughs podía no saber de qué estaba hablando, pero que conseguía hacer reflexionar a sus lectores. Y en los numerosos capítulos en los que no había mucho que pensar, había afortunadamente, en cambio, enemigos malignos y arrojados espadachines -mas que suficientes para mantener el interés de un ciudadano de diez años en un verano de Brooklyn.

Un año más tarde, por pura casualidad, di con una revista titulada Astounding Science Fiction en una tienda del barrio. Una rápida ojeada a la portada y al interior me hicieron saber que era lo que había estado buscando. No sin esfuerzo junte el dinero para pagarla, la abrí al azar, me senté en un banco a menos de diez metros de la tienda y leí mi primer cuento moderno de ciencia ficción, Pete puede arreglarlo, por Raymond F. Jones, una agradable historia de viajes a través del tiempo después del holocausto de una guerra nuclear. Había oído hablar de la bomba atómica - recuerdo que un amigo mío me explicó muy excitado que estaba compuesta de átomos- pero fue la primera vez que se me plantearon las implicaciones sociales del desarrollo de las armas nucleares. Me hizo pensar. Pero el pequeño aparato que el mecánico Pete colocaba en los automóviles de sus clientes de forma que pudiesen realizar breves viajes admonitorios por el reino del futuro, ¿en que consistía? ¿Cómo estaba fabricado? ¿Cómo se podía penetrar en el futuro y luego regresar? Si Raymond F. Jones lo sabía, no lo estaba diciendo.

Me sentí atrapado. Cada mes esperaba impacientemente la salida de Astounding. Leí a Julio Verne y a H. G. Wells, leí de cabo a rabo las dos primeras antologías de ciencia ficción que pude encontrar, rellené fichas, parecidas a las que rellenaba para los juegos de béisbol, sobre la calidad de las historias que leía. Muchas de ellas tenían mucho mérito al plantear cuestiones interesantes, pero muy poco a la hora de responderlas.

Hay una parte de mí que todavía tiene diez años. Pero en conjunto soy mayor. Mis facultades criticas y tal vez también mis preferencias literarias han mejorado. Al releer la obra de L. Ron Hubbard titulada The End Is Not Yet, que leí por primera vez cuando tenia catorce años, quedé tan sorprendido de lo mucho peor que era respecto a lo que recordaba, que me planteé seriamente laposibilidad de que existiesen dos novelas con el mismo titulo y del mismo autor, pero de calidad totalmente distinta. Ya no consigo mantener esa aceptación crédula que había tenido. En Neutron Star de Larry Niven, la trama gira alrededor de las sorprendentes fuerzas atractivas ejercidas por un poderoso campo magnético. Pero nos vemos obligados a admitir que dentro de cientos o miles de años, en la época de un vuelo interestelar casual, esas fuerzas atractivas han sido olvidadas. Nos vemos obligados a admitir que la primera exploración de una estrella de neutrones la lleva a cabo un vehículo espacial tripulado y no un vehículo espacial instrumental. Se nos pide demasiado. En una novela de ideas, las ideas han de funcionar.

Sentí el mismo desasosiego muchos años antes, al leer la descripción de Verne a propósito de que la ingravidez en un viaje lunar solo se producía en el punto del espacio en el que las fuerzas gravitatorias de la Tierra y la Luna se anulaban y con el invento de Wells de un mineral antigravitatorio llamado cavorita. ¿Por que existía un filón de cavorita en la Tierra? ¿Por que no se precipitó en el espacio hace muchos años? En la película de ciencia ficción, sobresaliente desde el punto de vista técnico, que lleva por titulo Silent Running, de Douglas Trumbull, se mueren los árboles en amplios y cerrados sistemas ecológicos espaciales. Tras semanas de ímprobos trabajos y de una interminable búsqueda en los manuales de botánica, se da con la solución: resulta ser que las plantas necesitan luz solar. Los personajes de Trumbull son capaces de construir ciudades interplanetarias, pero han olvidado la ley del inverso del cuadrado. Estaba dispuesto a pasar por alto la caracterización de los anillos de Saturno como gases coloreados al pastel, pero eso no.

Tuve la misma impresión con la película Star Trek, aunque reconozco que presupone una granmaestría; algunos amigos juiciosos me han apuntado que debo considerarla alegóricamente y no literalmente. Pero cuando los astronautas procedentes de la Tierra llegan a un planeta muy alejado y encuentran allí seres humanos en pleno conflicto entre dos superpotencias nucleares -que se denominan Yangs y Corns, o sus equivalentes fonéticos- la suspensión de la incredulidad se desmorona. En una sociedad terrestre global dentro de siglos y siglos, los oficiales de la nave son embarazosamente Anglo-Americanos. Tan solo dos de los doce o quince vehículos interestelares tienen nombres no ingleses, Kongo y Potemkin (¿por que no Aurora?). Y la idea de un cruce fructífero entre un «Vulcano» y un terrestre deja por completo de lado la biología molecular que conocemos. (Como he hecho observar en algún otro momento, ese cruce tiene tantas probabilidades de éxito como el cruce entre un hombre y una petunia.) Según Harlan Ellison, incluso esas novedades biológicas menores como las orejas puntiagudas de Mr. Spock y sus cejas indisciplinadas eran consideradas excesivamente atrevidas por los promotores de la película; estas enormes diferencias entre Vulcanos y humanos só1o iban a confundir al público, pensaban, y se intentó eliminar todas las características que supusiesen singularidades fisiológicas de los Vulcanos. Se me plantean problemas parecidos en aquellas películas en las que animales conocidos, aunque ligeramente modificados -arañas de diez metros de altura- amenazan ciudades terrestres: dado que los insectos y los arácnidos respiran por difusión, esos merodeadores morirían por asfixia antes de poder destrozar una ciudad.

Creo que dispongo de las mismas ansias de lo maravilloso que cuando tenía diez años. Pero desde entonces he aprendido algo acerca de cómo esta organizado el mundo. La ciencia ficción me hallevado a la ciencia. Encuentro la ciencia más sutil, mas complicada y más aterradora que gran parte de la ciencia ficción. Basta con tener presentes algunos de los descubrimientos científicos de las ultimas décadas: que Marte esta cubierto por antiguos ríos secos; que los monos pueden aprender lenguajes de centenares de palabras, comprender conceptos abstractos y construir nuevos usos gramaticales; que existen partículas que atraviesan sin esfuerzo toda la Tierra de forma que hay tantas que emergen por debajo de nuestros pies como las que caen desde el cielo; que en la constelación del Cisne hay una estrella doble, uno de cuyos componentes posee una aceleración gravitacional tan elevada que la luz es incapaz de escaparse de él: puede resplandecer por dentro a causa de la radiación, pero resulta invisible desde el exterior. Frente a todo esto, muchas de las ideas corrientes de la ciencia ficción palidecen, en mi opinión, al intentar compararlas. Considero que la relativa ausencia de estos hechos y las distorsiones del pensamiento científico que se dan a veces en la ciencia ficción son oportunidades perdidas. La ciencia real puede ser un punto de partida hacia la ficción excitante y estimulante tan bueno como la ciencia falsa, y considero importante aprovechar las oportunidades que permitan introducir las ideas científicas en una civilización que se basa en la ciencia pero que no hace prácticamente nada para que esta sea entendida.

Pero lo mejor de la ciencia ficción sigue siendo muy bueno. Hay historias tan sabiamente construidas, tan ricas al ajustar detalles de una sociedad desconocida, que me superan antes detener ocasión de ser crítico. Entre esas historias hay que citar The Door into Summer de Robert Heinlein, The Stars My Destination y The Demolished Man de Alfred Bester, Time and Again de Jack Finney, Dune de Frank Herbert y A Canticle for Leibowitz de Walter M. Miller. Las ideas contenidas en esos libros hacen pensar. Los aportes de Heinlein sobre la posibilidad y la utilidad social de los robots domésticos soportan perfectamente el paso de los años. Las aportaciones a la ecología terrestre proporcionadas por hipotéticas ecologías extraterrestres, como ocurre en Dune, constituyen, en mi opinión, un importante servicio social. En He Who Shrank, Harry Hasse presenta una fascinante especulación cosmológica que ha sido reconsiderada seriamente en laactualidad, la idea de un regreso infinito de los universos, en el cual cada una de nuestras partículas elementales es un universo de nivel inferior y en el cual nosotros somos una partícula elemental en el siguiente universo superior.

Pocas novelas de ciencia ficción combinan tan extraordinariamente bien una profunda sensibilidad humana con un tema habitual de esta especialidad. Pienso, por ejemplo, en Rogue Moon de Algis Budrys y en muchas de las obras de Ray Bradbury y Theodore Sturgeon por ejemplo. To Here and the Easel, de éste último, novela en la cual se describe la esquizofrenia vista desde dentro y constituye una sugerente introducción al Orlando Furioso de Ariosto.

El astrónomo Robert S. Richardson escribió una sutil historia de ciencia ficción sobre el origen de la creación continua de los rayos cósmicos. La historia Breathes There a Man de Isaac Asimov proporciona una serie de penetrantes observaciones sobre la tensión emocional y el sentido de aislamiento de algunos de los más importantes científicos teóricos. La obra de Arthur C. Clarke The Nine Billion Names of God inició a muchos lectores occidentales a una intrigante especulación sobre las religiones orientales.

Una de las cualidades de la ciencia ficción es la de poder transmitir fragmentos, sugerencias y frases de conocimientos desconocidos o inaccesibles al lector, And He Built a Crooked House de Heinlein posiblemente fuese para muchos lectores la primera introducción a la geometría tetradimensional con alguna posibilidad de ser entendida. En un trabajo de ciencia ficción reciente se presentan las matemáticas del ultimo intento de Einstein en tomo a la teoría del campo unificado; en otro se expone una importante ecuación relativa a la genética de poblaciones. Los robots de Asimov eran «positrónicos», porque se acababa de descubrir el positrón. Asimov nunca explicó como los positrones hacían funcionar los robots, pero sus lectores oyeron hablar de positrones. Los robots rodomagneticos de Jack Williamson funcionaban con rutenio, rodio y paladio, constituyentes del Grupo VII de los metales en la tabla periódica tras el hierro, el níquel y el cobalto. Se sugirió una analogía con el ferromagnetismo. Supongo que en la actualidad hay robots de ciencia ficción en los que intervienen los quarks o el encanto y que proporcionan una breve puerta de entrada verdad al excitante mundo de la física contemporánea de las partículas elementales. Lest Darkness Fall, de Sprague de Camp, es una excelente introducción a Roma en la época de la invasión gótica y la serie de Foundation, de Asimov, aunque no se explique en los libros, constituye un resumen muy útil de una parte de la dinámica del ya lejano Imperio Romano. Las historias de viajes a través del tiempo -por ejemplo, en los las notables ensayos de Heinlein, All You Zombies, By His Bootstraps y The Door into Summer- fuerzan al lector a contemplar la naturaleza de la causalidad y el devenir del tiempo. Son libros sobre los que se reflexiona mientras el agua va llenando la bañera o mientras se pasea por los bosques tras una primera nevada de invierno.

Otra de las grandes cualidades de la moderna ciencia ficción reside en algunas de las formas artísticas que pone de manifiesto. Llegar a tener una imagen mental de como debe ser la superficie de otro planeta ya es algo, pero examinar cualquiera de las pinturas meticulosas de la misma escena debidas a Chesley Bonestell en su primera época es algo muy distinto. El sentido del maravilloso mundo astronómico es espléndidamente plasmado por algunos de los mejores artistas contemporáneos: Don Davis, Jon Lomberg, Rick Sternbach, Robert McCall. Y en el verso de Diane Ackerman puede entreverse el anuncio de una poesía astronómica madura, plenamente ensintonía con los temas habituales de la ciencia ficción.

Las ideas de la ciencia ficción se presentan en la actualidad de muy diversas maneras. Tenemos los escritores de ciencia ficción como Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, capaces de proporcionar resúmenes convincentes y brillantes en forma no ficticia de muchos aspectos de la ciencia y la sociedad. Algunos científicos contemporáneos han llegado a un publico mas amplio a través de la ciencia ficción. Por ejemplo, en la interesante novela The Listeners, de James Gunn, se encuentra el siguiente comentario enunciado hace cincuenta años sobre mi colega, el astrónomo Frank Drake: «¡Drake! ¿Qué es lo que sabia?». Pues resultó que mucho. También encontramos verdadera ciencia ficción disfrazada de hechos en una vasta proliferación de escritos y sistemas y organizaciones de creyentes pseudocientificos.

Un escritor de ciencia ficción, L. Ron Hubbard, ha fundado un culto con no poca aceptación llamado Cientologia, inventado, según me han referido, en una sola noche tras una apuesta, según la cual tenia que hacer lo mismo que Freud, inventar una religión y ganarse la vida con ella. Las ideas clásicas de la ciencia ficción han quedado institucionalizadas en los objetos voladores no identificados y en los sistemas que creen en astronautas en la antigüedad -aunque tengo reparos al no asegurar que Stanley Weinbaum (en The Valley of Dreams) lo hizo mejor, y antes, que Erich von Daniken R. De Witt en Within the Pyramid consigue anticiparse tanto a von Daniken como a Velikovsky y ofrecer una hipótesis del supuesto origen extraterrestre de las pirámides más coherente que la que puede encontrarse en cualquier escrito sobre antiguos astronautas y piramidologia-. En Wine of the Dreamers, John D. MacDonald (un autor de ciencia ficción actualmente convertido en uno de los escritores contemporáneos de serie negra mas interesantes) escribía: «y existen indicios, en la mitología terrestre..., de grandes naves y carros que cruzaban el cielo». La historia Fare well to the Master, escrita por Harry Bates, se convirtió en una película titulada The Day the Earth Stood Still (que dejó de lado el elemento esencial del argumento, a saber que quien tripulaba el vehículo extraterrestre era el robot y no el ser humano). La película, con sus imágenes de un platillo volante sobre el cielo de Washington, jugó un papel importante, en opinión de ciertos investigadores conocidos, en la «oleada» de OVNIs sobre Washington D.C. en 1952, justamente posterior al estreno de la película. Muchas novelas populares actuales del género de espionaje, por la frivolidad de sus descripciones y la poca consistencia de sus argumentos,
resultan calcadas de aquella ciencia ficción superficial de los años 30 y 40.

La interrelación entre ciencia y ciencia ficción produce resultados curiosos algunas veces. No siempre queda claro si la vida imita al arte o si ocurre al revés. For ejempio, Kurt Vonnegut, Jr., ha escrito una soberbia novela epistemológica, The Sirens of Titan, en la que se postula un medio ambiente no globalmente adverso en la luna mayor de Saturno. Cuando en los últimos años diversos científicos, entre los que me incluyo, hemos presentado indicios de que Titán posee una atmósfera densa y, posiblemente, temperaturas superiores a las esperadas, muchas personas me hicieron comentarios sobre la presencia de Kurt Vonnegut. Pero Vonnegut era graduado en física por la Universidad de Comell y, por tanto, podía conocer los últimos descubrimientos astronómicos. (Muchos de los mejores escritores de ciencia ficción tienen una base de ingeniería o de ciencia, como por ejemplo Paul Anderson, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Hal Clement y Robert Heinlein.). En 1944, se descubrió una atmósfera de metano en Titán, el primer satélite del sistema solar del que se supo que tenía atmósfera. Tanto en este, como en muchos otros casos, el arte imita a la vida.

El problema ha sido que nuestra comprensión de los demás planetas ha variado más rápidamente que las representaciones que de ellos hace la ciencia ficción. La reconfortante zona de penumbra en un Mercurio en rotación síncrona, un Venus de pantanos y selvas y un Marte infestado de canales son mecanismos clásicos de la ciencia ficción, pero todos ellos se basan en equivocaciones anteriores de los astrónomos planetarios. Las ideas erróneas se transcribían fielmente en los relatos de ciencia ficción, que eran leídos por muchos de los jóvenes que iban a convertirse en la siguiente generación de astrónomos planetarios -por tanto, estimulando el interés de los jóvenes, pero simultáneamente dificultando mas la corrección dc las equivocaciones de los mayores-. Pero, al haber variado nuestro conocimiento de los planetas, también ha variado el contexto de los correspondientes relatos de ciencia ficción. Ya resulta poco frecuente encontrar relatos de ciencia ficción escritos en la actualidad en los que aparezcan campos de algas sobre la superficie de Venus. (Incidentalmente cabe decir que los propagandistas del mito acerca de los contactos con OVNIs se adaptan mas lentamente y todavía podemos encontrar historias de platillos volantes procedentes de un Venus habitado por hermosos seres con túnicas blancas, de una especie de cierto Jardín del Edén. Las temperaturas de 900° F existentes en Venus proporcionan una forma de verificar tales relatos.) Asimismo, la idea de una “curvatura del espacio” es un viejo recurso de la ciencia ficción, pero que no nació de ella. Surgió de la Teoría General de la Relatividad de Einstein.

La relación entre las descripciones que de Marte hace la ciencia ficción y la exploración actual del planeta es tan estrecha que, después de la misión del Mariner 9 a Marte, somos capaces de atribuir a algunos cráteres marcianos nombres de personalidades fallecidas del mundo de la ciencia ficción. Así, en Marte hay cráteres llamados H. G. Wells, Edgar Rice Burroughs, Stanley Weinbaum y John W. Campbell, Jr. Estos nombres han sido aprobados oficialmente por la International Astronomical Union. Sin duda alguna, a esos nombres se agregaran los de otras personalidades de la ciencia ficción tan pronto como fallezcan.

El enorme interés que despierta la ciencia ficción de los jóvenes se refleja en las películas, los programas de televisión, los comics y en la demanda de ciencia ficción en la enseñanza secundaria y superior. Mi experiencia personal es la de que tales cursos pueden convertirse en interesantes experiencias educativas o en desastres, en función de como se programen. Los cursos en los que las lecturas son seleccionadas por los propios estudiantes no les proporcionan la oportunidad de leer lo que no han leído. Los cursos en los que no se intenta extender la línea argumental de la ciencia ficción para situar los elementos científicos adecuados dejan de aprovechar una gran oportunidad educativa. Pero los cursos de ciencia ficción programados adecuadamente, en los que la ciencia o la política constituyen un componente integral, tienen en mi opinión una larga y provechosa vida en los planes de estudio.

La mayor significación de la ciencia ficción para el hombre puede darse en tanto que experimento sobre el futuro, como exploración de destinos alternativos, como intento de minimizar el choque futuro. Esta es parte de la razón por la cual la ciencia ficción presenta un interés para los jóvenes: son ellos quienes vivirán el futuro. Creo firmemente que ninguna sociedad en la Tierra se encuentra bien adaptada para la Tierra de dentro de uno o dos siglos (si somos lo suficientemente prudentes o afortunados para sobrevivir hasta entonces). Necesitamos desesperadamente una exploración de futuros alternativos, tanto experimentales como conceptuales. Las novelas y los relatos de Eric Frank Russell apuntan mucho en este sentido. En ellos, podemos encontrar sistemas económicos alternativos imaginables o la gran eficacia de una resistencia pasiva unificada ante un poder invasor. En la ciencia ficción moderna, también sepueden encontrar sugerencias útiles para llevar a cabo una revolución en una sociedad tecnológica muy mecanizada, como en The Moon Is a Harsh Mistress, de Heinlein.

Cuando estas ideas se asimilan en la juventud, pueden influir en el comportamiento adulto. Muchos científicos que dedican sus esfuerzos a la exploración del sistema solar (entre los que me incluyo) se orientaron por primera vez hacia ese campo gracias a la ciencia ficción. Y el hecho de que parte de la ciencia ficción no fuese de gran calidad no tiene ninguna importancia. Los jóvenes de diez años no leen la literatura científica. No se si es factible viajar a través del tiempo hacia el pasado. Los problemas de causalidad que eso supondría me hacen ser muy escéptico. Pero hay gente que piensa en ello. Lo que se llaman líneas temporales cerradas -trayectorias en el espacio-tiempo que permiten viajar a través del tiempo sin restricciones- aparecen en algunas soluciones de las ecuaciones dle campo en la relatividad general. Una pretensión reciente, tal vez errónea, es la de que las líneas temporales aparecen en las proximidades de los grandes cilindros en rotación rápida. Me pregunto hasta que punto ha influido la ciencia ficción en los problemas de la relatividad general. De la misma manera, los encuentros de la ciencia ficción con características culturales alternativas pueden desempeñar un papel importante en la actualización del cambio social fundamental.

En toda la historia del mundo, no ha habido ninguna época como esta en la que se hayan producido tantos cambios significativos. La predisposición al cambio, la búsqueda reflexiva de futuros alternativos son la clave para la supervivencia de la civilización y tal vez de la especie humana. La nuestra es la primera generación que se ha desarrollado con las ideas de la ciencia ficción. Conozco muchos jóvenes que evidentemente se interesarían, pero que no quedarían pasmados, si recibiésemos un mensaje procedente de una civilización extraterrestre. Ellos ya se han acomodado al futuro. Creo que no es ninguna exageracion decir que, si sobrevivimos, la ciencia ficción habrá hecho una contribución vital a la continuación y evolución de nuestra civilización.

lunes, febrero 08, 2010

Así descubrí el proyecto Euler

Hace unos meses, a los pocos días de que estrenaba yo chamba, hubo necesidad de aprender un nuevo lenguaje de programación. Digo que era nuevo porque yo no lo conocía aunque se trata de un lenguaje más viejo que yo (aquí el link por si alguien tiene curiosidad por saber de qué lenguaje hablo, unas de las características chidas es que los arreglos están guardados en árboles-b y son persistentes).

Por las mismas fechas, en uno de tantos feeds compartidos, leí de un computito ultramarino que recomendaba un sitio para perder el tiempo practicar matemáticas y programación, el Proyecto Euler.

El Proyecto Euler es un conjunto de problemas matemáticos y de computación. Uno se registra y tiene acceso a 277 problemas de complejidad variable. Una manera de darse una idea de si el problema que uno quiere resolver es "complejo" es fijarse en el número de gente que lo ha resuelto. Por ejemplo, el primero ha sido resuelto por 86964 fulanos mientras que los últimos sólo los han resuelto algunas decenas de personas. Una vez que se proporciona la respuesta correcta, el Proyecto Euler le da a uno acceso a un foro donde uno ve la solución de otros participantes lo que siempre es instructivo para llegar a la conclusión: "ay, qué pendejo soy".

Los problemas tienen enunciados precisos. Para qué vean de que hablo voy a echar a perder el primero.

"Si listamos todos los números naturales menores a 10 que sean multiplos de 3 y 5, obtenemos 3, 5, 6, y 9. La suma de estos multiplos es 23.

Encuentra la suma de todos los múltiplos de 3 o 5 menores a 1000."
Con pocas cosas me he topado tan oportunas. Por un lado tenía 277 problemas de matemáticas y computación para resolver y por otro lado, debía aprender un lenguaje de programación nuevo.

Creé un archivo nuevo en Vi y después de consultar un manual para familiarizarme con la sintaxis del lenguaje nuevo me puse a resolver el problema.

La aproximación talachuda de fuerza bruta para resolver el problema que he mencionado (y por la que yo me fuí pues me interesaba aprender a usar iteraciones y condicionales) consiste en hacer 3 loops. Uno que sume los multiplos de 3 del 3 al 999, otro que sume los multiplos de 5 desde 5 al 999 y otro que sume los multiplos de 15 desde 15 al 999. Este último hay que hacerlo para restar los números que son multiplos comunes de 3 y 5 pues la suma previa va a dobletear el 15, 30, 45, 60... etc. Esto, evidentemente, también puede ser implementado en un sólo loop que lleve las sumatorias a partir de las condicionales o, más legible, que nomás contenga una condicional con un OR que tome en cuenta la sumatoria de múltiplos de 3 o de 5.

Hay otro método, más directo, si uno se acuerda de lo que le enseñaron en la escuela sobre series aritméticas y es el siguiente:

1. Tener en cuenta que el enésimo término de una serie aritmética


donde an es el enésimo término, a1 es el primero y
d es la diferencia común entre los números sucesivos de la serie.

2. Ahora bien, para obtener la sumatoria de esa serie se usa la siguiente fórmula (a mí se me olvida hasta que me acuerdo de la anécdota de Gauss consistente en que su profe de mate lo puso a sumar todos los números del 1 al 100 y él, después de una reflexión breve,obtuvo 5050 al darse cuenta que esa sumatoria es igual a tener 50 veces 101).


donde an es el enésimo término,
a1 el primer término y n es el total de términos en la serie.

3. Se substituye an
y después de simplificar se obtiene


donde n es el número de términos de la serie, lo que se obtiene muy fácil, por ejemplo, para saber cuántos términos tiene la serie de múltiplos de 3 hasta antes de llegar al 1000 hay que dividir 999 entre 3 y voila.

Ahora bien, se sustituyen valores y se obtienen los tres resultados de las sumatorias, sin que la computadora haga iteraciones a lo guey.

Multiplos de 3: 333/2 (2(3) + (333-1)3) = 166833

Multiplos de 5: 199/2 (2(5) + (199-1)5) = 99500

Multiplos de 15: 66/2 (2(15) + (66-1)15) = 33165

Se suman las dos primeras se resta la última y tan tan, da uno con la respuesta.

Si quieren aprender un lenguaje de programación nuevo o desempolvar uno que ya conozcan y afinar lo que saben de matemáticas les recomiendo ampliamente a registrarse en el Proyecto Euler, a resolver los problemas, a leer el código de otros participantes y a estudiar las soluciones que requieren poco o nulo tiempo de procesador.

pd. A los que resuelven todos los problemas, dicen, que les mandan una réplica del gorrito de Euler con el que se puede someter por control mental a parientes y amigos anuméricos. Dicen.

jueves, febrero 04, 2010

Escepticismo retro

Revisé el primer número del primer volúmen de la Skeptical Inquirer (de 1974) y averigué un par de cosas.

1. La revista no se llamaba Skeptical Inquirer sino The Zetetic.



¿Que qué es zetetic? Según el Webster's Third New International Dictionary:

ZETETIC 1. adj. proceeding by inquiry. 2. n. skeptic, seeker; specif, one of a group of Pyrrhonist philosophers.

2. En el comité editorial había gente que quizá más de uno de ustedes reconozca.


De los que subrayé en rojo ya hemos hablado en este blog (también de Phillip J. Klass). Excepto de uno. Del señor L. Sprague de Camp.

A L. Sprague de Camp yo lo conocí cuando estaba en preparatoria. Un día entré a la biblioteca de la escuela, descubrí que tenían antologías que recopiló Asimov de ciencia ficción y en una de ellas leí un cuento que me pareció muy bueno de un neanderthal que sobrevive hasta nuestros días (hay una película con una premisa parecida pero con distinta resolución: The Man from Earth).

Ya no volví a saber de L. Sprague de Camp hasta que cayó en mis manos uno de los libros de Conan el Bárbaro del que Sprague de Camp era coautor y pensé que nomás era un escritor notable de ciencia ficción y fantasía y tan tan.

Como pueden darse cuenta por los nombres con los que se codeaba en el consejo editorial de la Skeptical Inquirer, antes The Zetetic, L. Sprague de Camp era más que un escritor de ciencia ficción y fantasía.

Eché un ojo a la entrada de L. Sprague de Camp en la wikipedia y me encontré que trabajó con Robert Heinlein e Isaac Asimov en un astillero de la Armada gringa. Revisé su bibliografía y entre los libros que tiene hay uno sobre escepticismo.


En ese libro L. Sprague de Camp desbarata los mitos alrededor de las civilizaciones antiguas y reconoce los logros que sí consiguieron (una lectura que quizá sea refrescante en medio de tanto autoproclamado experto contemporáneo en sabiduría maya del fin del mundo). También aborda dislates criptozoológicos, cuenta del comportamiento de algunos científicos, unos sólo excéntricos y otros clínicamente orates, y examina la diferencia entre ciencia real y seudociencia.

Quiero Fringe of the unknown en la escepticoteca.

lunes, febrero 01, 2010

La exposición Darwin Now

En el penúltimo fin de semana de enero la lupe y yo nos apersonamos en el Museo de Historia Natural sito en la 2da sección de Chapultepec a mirar la exposición Darwin Now.

La exposición, que se podía ver en las instalaciones del museo hasta la semana pasada, consistía en 14 mamparas; unas, con datos biógraficos e históricos de la vida de Darwin, de su viaje en el Beagle, de su obra y de las reacciones de sus contemporáneos, y otras abordaban distintos aspectos de la teoría de la evolución: ¿qué fue primero, la música o la palabra articulada? ¿porqué hay tantas especies tan similares? ¿cuáles son los criterios para determinar cuando ha aparecido una nueva especie? ¿qué evidencias de la evolución podemos observar?

El texto de las mamparas, en inglés y en español, es cortesía del British Council que organizó esta exposición para presentarla en 25 países por el bicentenario de Darwin y el centésimo quincuagésimo del Origen de las Especies.

Ahora bien, a aquellos que hayan llegado a este blog buscando más del contenido de la exposición que el mencionado en esta bosta pueden bajar este PDF en español del British Council que trae toda la exposición Darwin Now. (También está disponible en inglés).

Yo mientras tanto imprimiré la siguiente imagen que es parte del material de la exposición (y que viene en el PDF mencionado) y se la pegaré a la primera página de la autobiografía de Darwin que recientemente me compré.


De esa manera cuando vengan visitas despistadas a la casa les presumiré que el mismísimo Darwin me lo autografió mientras comíamos unas banderillas de focas bebés.

Chomp.