jueves, marzo 24, 2011

Con pocos textos había topado con los que estuviera yo tan de acuerdo

Del post A ver quién la tiene más larga, del blog Puto Linux (el énfasis en negritas del autor es otra cosa con la que también estoy de acuerdo).

Estoy cansado, como profesor de matemáticas, de tener que explicar las cosas de un modo y de ver cómo, en sistemas complejos donde un análisis multivariable sería más pertinente, se nos haya impuesto y se nos siga imponiendo desde el bachillerato la idea de la optimización ingénual y falaz basada en una o dos variables de tipo económico, siempre las mismas, coste y ganancia. Todo es simple y al final todo redunda en lo mismo. Pero todo lo verdaderamente importante en nuestra propia vida queda fuera de ese deliberadamente torpe esbozo de la realidad. Ciertas variables, por no haber sido la ciencia aún de haberlas podido medir permanecen más allá de cualquier esfuerzo de optimizar lo que deberíamos optimizar: la existencia, el aprovechamiento de la misma en términos de felicidad por estar vivos. Progreso es una palabra sobre la que se puede hablar y matizar mucho y llevar su significado mucho más allá del que, intuitivamente, conciben a día de hoy la mayoría de las personas.

Que te quede claro desde aquí y desde ahora: si eliges tu ordenador por la estética, el smartphone por la pantallita, la cámara por los megapixels, el navegador por la rapidez, si eres de los que usan algo arguyendo cosas como que es bonito, que es lo de toda la vida, que es lo que usan todos, o si crees que eres un tipo inteligente, de lo que no hay, porque no te casas con nadie y siempre buscas lo más ventajoso que te ofrecen las compañías, también si eres de los que son fieles a una marca, a una imagen de marca, a un logo, si eres de los que crees en que el sistema de patentes contribuye al progreso y las compañías están en su derecho de hacer las cosas conforme a ganar el máximo dinero, experimentas el marketing como una revelación, escúcha (lee) bien porque lo voy a decir bien claro: ERES UN PUTO PRINGAO Y PARA MÁS COJONES ERES UN PERFECTO COLABORADOR DE UN SISTEMA ECONÓMICO INTRINSECAMENTE INJUSTO QUE ALIMENTA LA INJUSTICIA, JUSTIFICA Y PROMOCIONA LA GUERRA Y CUYAS CONSECUENCIAS SON QUE, MÁS ALLÁ DE LAS ÍNSULAS DE PSEUDOPROSPERIDAD EN DECADENCIA COMO EN LA QUE VIVIMOS EN ESPAÑA, LA MAYOR PARTE DEL MUNDO SUFRE POBREZA, HAMBRUNAS, ENFERMEDAD Y MUERTE.

lunes, marzo 21, 2011

Vida inteligente extraterrestre

Cuando me hacen una pregunta que involucra el título de esta bosta yo suelo pensar en los extraterrestres de Hawking y Niven, pasando por los de Plait y Sagan.

Hace varios meses, ya lo saben, (y si no lo saben, recomiendo que salgan más a menudo de abajo de la piedra en la que viven) el señor Stephen Hawking, en un documental, dijo al respecto de la vida inteligente extraterrestre:

"Sólo tenemos que mirarnos a nosotros para darnos cuenta de cómo es que la vida inteligente puede desarrollarse en algo con lo que no quisiéramos toparnos. Imagino que podrían existir en naves masivas, habiendo usado todos los recursos de su planeta nativo. Alienígenas avanzados vueltos nómadas, buscando conquistar y colonizar los planetas que tengan a su alcance."
Más adelante en el documental Hawking abunda:
"Si llegaran alienígenas a visitarnos creo que los resultados se parecerían mucho a cuando Cristóbal Colón llegó a América, evento nada afortunado para los nativos americanos."
Esas declaraciones me recordaron el escenario que describe Phil Plait en el capítulo Alien Attack! de su libro Death from the Skies! donde aborda el menú que tiene el Universo para matarnos. El escenario va así, más o menos:
Una nave, después de semanas de examinar la estrella brillante que tiene ante sí, tiene todos los datos que necesita para tomar una decisión.

La estrella está rodeada de varios planetas gigantes gaseosos. Cada uno de ellos con lunas heladas orbitándolos, en donde es posible que haya agua. La estrella también tiene algunos planetas rocosos. En el tercero de ellos hay señales inequívocas de una atmósfera de origen biológico. Si la nave hubiera estado equipada con emociones habría echado bips de alegría. En vez de eso, desacelera durante meses para aproximarse al sistema solar hasta su objetivo: un asteroide metálico de más de un kilómetro de diámetro.

La nave deja un paquete en el asteroide y se aleja para continuar su búsqueda en las estrellas vecinas.

Del paquete emerge una araña diminuta, luego otra y otra... Al cabo, una docena de esos robots minúsculos se mueven por la superficie del asteroide y se pone a trabajar. Al cabo de una treintena de rotaciones del asteroide han terminado la primera fase de su trabajo.

Como un hongo liberando esporas, el asteroide hace erupción en miles de pequeñas explosiones. Cada una de ellas sirve para lanzar una esfera de metal de un metro de diámetro. Algunas están dirigidas a otros asteroides, otras a Marte. Y otras a la Tierra. Dentro de ellas van centenares de robots arácnidos, con una programación sofisticada pero con un propósito simple: convertir cualquier materia prima en más arañas; cuando haya suficientes, hacer más naves que serán lanzadas al espacio buscando otros sistemas solares, y repetir el ciclo.

La Tierra fue arrasada en días. Las primeras arañas aterrizaron en Australia y consumieron todo lo que estaba a su alcance. Piedra, metal, gas, agua, plantas y carne. Los humanos no tuvieron nunca oportunidad. Aunque la intensa luz de los motores de la nave interestelar habían sido detectados con meses de anticipación, no hubo tiempo para que alguno de los gobiernos de la Tierra reaccionara. Después de dos semanas, en la Tierra ya no había ningún ser vivo. La superficie había sido convertida en fábricas. Después de un año las primeras naves interestelares eran lanzadas de la superficie de la Tierra.

El sueño de la humanidad de alcanzar las estrellas por fin se había realizado. Sólo que no en la forma que la había imaginado.
Antes de que salgan corriendo a esconderse a las faldas de Jaime Maussan pensando que él tiene experiencia en trato con extraterrestres, consideren los siguientes fragmentos del capítulo Enciclopedia Galáctica de Cosmos (el libro). Al aplicar estimaciones optimistas en los factores de la ecuación de Drake, Sagan escribe:
Si hay millones de civilizaciones distribuidas de modo más o menos casual a través de la Galaxia, la distancia a la más próxima es de unos doscientos años luz. Incluso a la velocidad de la luz un mensaje de radio tardaría dos siglos en llegar desde allí. Si la humanidad hubiera iniciado el diálogo es como si Kepler hubiese preguntado algo y la generación actual estuviera recibiendo la respuesta.
Después de ponderar la lección histórica de encuentros entre civilizaciones aquí en la Tierra (Cortés y los aztecas es de los ejemplos clásicos de encuentros funestos entre civilizaciones, pero también los hay de otro tipo, como el caso de Fitzroy, el capitán del Beagle, y los habitantes de Tierra del Fuego), Sagan dice:
Mi colega William Newman y yo hemos calculado que si hubiese emergido hace un millón de años una civilización de viajeros espaciales con un ritmo de crecimiento lento de la población a doscientos años luz de distancia y se hubiese extendido hacia el exterior colonizando en su camino los mundos adecuados, hasta ahora no estarían entrando sus naves de exploración en el sistema solar. Si la civilización más próxima es más joven de lo indicado, todavía no nos habrían alcanzado. Una esfera de doscientos años luz, contiene 200,000 soles y quizás un número del mismo orden de mundos de posible colonización. Nuestro sistema solar sería descubierto accidentalmente...
Bueno, sabemos que el espacio es grande. Ese es el principal impedimento que tiene que resolver cualquier civilización por avanzada que sea para llegar hasta nosotros (eso suponiendo que sabe a dónde llegar). Como lo propone el propio Sagan en su novela Contacto, para encontrar vecinos del Cosmos es más efectivo usar como embajadores, señales de radio en vez de naves. Lo malo es que en el caso de la humanidad esos embajadores son telenovelas y anuncios para bajar de peso usando imanes. Si un radioastrónomo extraterrestre se encuentra con ese contenido quizá piense que acaba de descubrir a la civilización más mensota del universo.

Regresando a lo que dicen Hawking y Plait sobre los peligros de que nos halle una civilización alienígena temo que se quedaron cortos. La hostilidad no es lo único de lo que hay que preocuparse en un encuentro entre civilizaciones: también está el recelo.

Para ilustrar mi punto usaré una novela de Niven pero antes va una aclaración obvia: en estos temas sobre vida inteligente extraterrestre a falta de evidencias uno no puede hacer otra cosa más que especular. Hay quienes alegan visitas de naves extraterrestres a nuestro planeta, pero lo cierto es que lo que presentan por evidencia es pitero y sólo sirve para comprobar la existencia de gente crédula.

Y en el terreno de la especulación sobre vida extraterrestre, ante falta de más evidencia, me parece tan bueno Niven como Hawking.

¿Quién es ese Niven?

Si uno no está rodeado por analfabetas de ciencia ficción dura y dice Larry Niven, quizá a los interlocutores les pase por la cabeza una serie de imágenes: un mundo anillo, titerotes, kzinti, protectores de Pak, una flota de mundos, un humano bicentenario y un montón de cosas más que ocurren en un universo que se llama el Espacio Conocido.

Pero no es de ese universo del que vamos a platicar ahora sino de otro, llamado el Universo del Condominio de Jerry Pournelle.

La escena me la imagino así, un día estaban Larry Niven y Jerry Pournelle rascándose cada uno por su lado el ombligo cuando se les antojo escribir juntos una historia sobre cómo sería un primer encuentro entre la humanidad y una civilización alienígena. Después de echarse un volado eligieron el Universo del Condominio de Pournelle, en el que no hay extraterrestres, como escenario para su historia, La Paja en el Ojo de Dios.

La historia comienza cuando una de las naves del Segundo Imperio de la Humanidad, la INSS MacArthur, después de sofocar una revuelta independentista en Nueva Chicago y yendo en misión de custodia de un par de pasajeros notables, recibe un comunicado del Almirantazgo: ir al encuentro de la primera nave alienígena detectada en espacio humano.

En el Universo del Condominio las naves de la humanidad se mueven casi todo el tiempo por el espacio normal. Cuando quieren recorrer distancias interestelares lo que tienen que hacer es hallar un punto Alderson (un agujero de gusano) y usar un impulsor del mismo nombre que los lleva instantáneamente hasta el otro extremo del agujero, a años luz del punto de inicio. Durante los últimos mil años la humanidad se ha ido esparciendo así en colonias cuyos límites están allende una nebulosa llamada El Saco de Carbón (que sí existe).

La nave alienígena, en cambio, es impulsada por una vela solar (tecnología que sí existe) y lleva 150 años viajando desde su sistema solar, un sol amarillo que junto con una supergigante roja forman una binaria en la nebulosa El Saco de Carbón. Como desde la perspectiva de la colonia humana Nueva Caledonia la nebulosa parece un hombre cargando un saco de carbón y la supergigante su ojo, al sol amarillo que la acompaña la llaman "la paja en el ojo de Dios".

Niven y Pournelle presentan a unos extraterrestres asimétricos y muy raros. La traducción al español de la novela le agrega un elemento de rareza: a los alienígenas se les llama pajeños en referencia a su estrella, por lo que cada vez que había que visualizarlos yo me los imaginaba haciéndose una puñeta.

Bien, ese encuentro es desafortunado. La vela solar, de miles de kilómetros de diámetro tiene un sistema de defensa antimeteoros automático que ataca a la MacArthur. Ésta para defenderse a su vez, retira las anclas de la vela solar y consigue meter la nave abordo. Poco tiempo después se descubre que el único tripulante y piloto de la nave alienígena estaba muerto.

La humanidad manda a la MacArthur y a la Lenin al planeta pajeño. A la MacArthur para establecer el primer contacto y a la Lenin para vaporizar todo rastro de vida en el planeta en caso de que los pajeños sean hostiles o desentrañen los secretos de las dos maravillas tecnológicas de la humanidad, el impulsor Alderson y el campo Langston, ambos artefactos necesarios para llegar al sistema pajeño sin ocupar centurias de viaje (el impulsor Alderson sirve para llegar al agujero de gusano cercano a la supergigante roja, el campo Langston para sobrevivir la fotósfera de la supergigante pues el agujero de gusano está muy cerca de la estrella).

No voy a arruinarles más la historia. Terminaré diciendo que a pesar de las buenas intenciones de los miembros de ambas especies, una de las naves humanas es destruida y la humanidad se escapa por un pelo pajeño de abrirle la puerta al peligro más grande al que se haya enfrentado. Y eso que no había hostilidad de por medio. Sólo recelo, de que los humanos se enteraran que los pajeños tenían un gravísimo y recurrente problema de explosión demográfica.

Echen un ojo a La Paja en el Ojo de Dios y consideren un primer contacto humano-alienígena más interesante que el que les suelen pintar. Aca está disponible el PDF.

domingo, marzo 06, 2011

Manitas de ángel

Hace unos años, en este blog dediqué una bosta al texto Lucha Desigual de Jorge Ibargüengoitia del libro Sálvese quien pueda para aderezar con algo de antisolemnidad algunos de los discursos sobre equidad de género que se suelen escuchar por estos días.

En previsión al próximo Día de Internacional de la Mujer va otro texto del mismo libro.

Lean y aprendan.

Manitas de ángel


Una de las acusaciones más serias que pesan sobre nosotros los hombres, es la de haber explotado y seguir explotando económicamente a las mujeres.

En efecto. En la mayoría de los oficios una mujer gana menos que un hombre por igual cantidad de trabajo producido -esto no lo estoy inventando, es un dato aceptado y ocurre hasta en países civilizados-, muchos sindicatos están cerrados a las mujeres -no hay albañilas, ni macheteras, ni choferas de camión materialista-, y aún en las carreras que están aparentemente abiertas, cuesta mucho más trabajo y se necesita ser más listo para llegar a la cúspide si se es mujer que siendo hombre.

Sin embargo, esta inferioridad aparente tiene sus compensaciones, que voy a tratar de ilustrar con un ejemplo tomado de mi experiencia.

Hace muchos años, en la región de Irapuato, en un rancho que tenía mi familia, las mujeres servían para prender la lumbre, echar tortillas, hacer tacos y ponerlos en una canasta envueltos en un mantelito bordado. En las listas de raya aparecía cada semana una partida que decía "gordero". Éste era un personaje que tenía por misión pasar por las casas de los peones que estaban haciendo cualquier trabajo y recoger en cada una de ellas una canasta con el almuerzo del dueño.

El trabajo de gordero era mal visto y se encomendaba por lo general a un tullido con burro, a un anciano, a alguien que le daban ataques epilépticos, a un niño o a alguien tan bruto que no se le pudiera encomendar ni hacer un agujero en el suelo. Nunca, nótese bien, se le encomendó este trabajo tan humilde a una mujer, por que se consideraba que una de dos: ésas ni para eso servían, o bien que una mujer sola, por los campos, cargando canastas de gordas, se encuentra con una parranda de vagos, la tumban al suelo, le quitan las gordas y de paso la violan.

Esta era la situación allá en los cuarentas. Después vino el auge de la fresa y no sé quién fue el que hizo el descubrimiento que estaba destinado a transformar la estructura social de la región.

Alguien observó que las mujeres también tienen uñas y por consiguiente, pueden cortar fresas con la misma facilidad que los hombres. No sólo eso, como son más chaparras y este es un trabajo que se hace agachado, se cansan menos que los hombres. Peor todavía, como son más tontas que los hombres, cobran medio sueldo. En pocos meses desplazaron por completo a los pizcadores.

No sé que habrá pasado en los últimos años, pero no me cuesta ningún trabajo pensar que varios de mis antiguos peones acabaron mantenidos por sus mujeres o por sus hijas.

Este episodio de la batalla de los sexos puede ser interpretado de varias maneras. Las feministas dirán: nos dan trabajo, pero nos pagan a la mitad. Los hombres, en cambio, podemos decir: ¿para qué se meten? ¿quién las mandó llamar? ¿no estaban contentas en su casa prendiendo el fogón? Querían ganar dinero y lo único que hicieron fue inundar el mercado de mano de obra y abaratarla.

Pero el problema real no es que las mujeres vayan inflitrando todas la profesiones hasta que sea casi imposible conseguir trabajo nomás porque uno es hombre. Lo de menos sería dejar que nuestras mujeres nos mantengan.

Pero una vez que se ha llegado a la situación de mantenido, quién se atreve a destapar una cerveza delante de la señora y arriesgarse a que ésta diga: "yo, que trabajo de sol a sol para conservar un hogar feliz y tú nomás piensas en beber cerveza y emborracharte".

Porque otro dato compobado y observable es que las mujeres nacieron quejumbrosas y rara vez están contentas. Si no les dan trabajo se quejan, que se lo dan, se quejan también, porque además de todas las cruces que tiene que cargar una mujer ya de por sí, tiene que trabajar. Sí, como el caso de las cortadoras de fresa, el marido pierde el trabajo por culpa de ellas, acaban diciendo:

- Yo, en esta casa, soy la mujer y el hombre y tú no sirves para nada.