lunes, diciembre 23, 2013

La controversia de Santa

La navidad tiene distintos olores. A veces huele delicioso a manzana y a canela. Otras, a foco quemado de serie de lucecitas en centro comercial.

Pero a veces, como ésta, huele a hora de hacer arder al mundo.

Tranquilos; no los aburriré con mi cantaleta sobre la conveniencia de echarles cuentos sobadísimos a sus criaturas como excusa de obsequiarlos en estas fechas.

(Respecto a ese tema, los niños tienen muchas más oportunidades, además del cuento de Santa y los Reyes, para darse cuenta de que están siendo criados por adultos con más interés en llenarles la cabeza de mierda que en explicarles de qué va el mundo).

No, avezados lectores, los aburriré contándoles una comedia en tres actos.


1er acto

Slate publica el 10 de diciembre, un artículo de una Aisha Harris en donde la autora aborda lo estereotipado que es tener como ícono navideño a un señor gordo y rosado, en una sociedad en la que la gente con melanina defectuosa ya no es mayoría.


2do acto

Días más tarde, en Fox News, una Megyn Kelly usa su tiempo aire para decir "... a todos uds niños que nos ven en casa, Santa nomás es blanco, pero por ahí hay alguien alegando que deberíamos tener a un Santa negro". Y como discutir sobre el color de piel de un solo personaje imaginario en un noticiero aparentemente no basta para llenar el espacio entre anuncios, remató su joyita diciendo "Jesús era blanco".

3er acto

Pitorreo de los dislates de Megyn Kelly por un lado y porras por el otro. Entre estas últimas, la más jocosa es la de Rush Limbaugh, quien ha de pensar que todos los gordos deben ser del mismo color nalgademandril que tiene él.

Y, finalmente, ¿qué opino yo de todo esto? Dos cosas.

Primero, que necesito un bat con clavos más grande.

Y segundo, que el señor Scrooge tiene toda la razón cuando le dicen "Navidad" y él responde Bah! Humbug!

pd. Santa como bien sabemos los leídos y enterados, ni es color malteada de fresa ni vive en el Polo Norte. Vive entre las gloriosas nalgas de la Diana.

jueves, diciembre 19, 2013

Componiendo dos películas

Recientemente ví dos películas que con un poco de imaginación se pueden componer. Una sí requiere una compostura de fondo y la otra nomás es una enmendadura de plana. Empecemos por la que más le urge el cambio.

Life of Pi

Antes de que me pregunten "¿qué haces viendo esas chingaderas?" aclaro que no la ví porque yo quisiera. Fuí víctima de la programación de Grupo Pullman de Morelos un día que me subí a uno de sus camiones para viajar de Cuernavaca al DF. Para acabarla de chingar, había concurso de futbol en el Azteca y los asistentes iban saliendo. La mayoría agüitados, porque había perdido el equipo local, lo que no los volvió menos estorbosos.

Como sea, ahí iba yo a vuelta de rueda soplándome Life of Pi a la que debieron nombrar El Naufragio de Pi. No me acuerdo bien si el tedio que me provocó la película hizo que me durmiera o si llegamos a la terminal antes, el caso es que no supe en qué acabó.

Durante la comida de hoy le conté esa ordalía a una amiga -previamente mencionada en estas líneas- y agregué que varios me dijeron que el final era la onda. Ella me contó algo del final, dijo mutatis mutandis:

- El tigre y los otros animales no son literales, son figurados. Son personas.

Exageraron los que dijeron que el final era la onda.

En ese momento se me ocurrieron algunas maneras de arreglar la película. La más obvia es que el tigre fuera real y se comiera al protagonista que cuenta su propia historia mientras es masticado. Otra compostura, consiste en que el tigre, real, con el protagonista, después de llegar a tierra firme se quedara de mascota de Pi, quien a su vez, termina casándose, teniendo hijos para dárselos de comida al tigre.

Pero todas las composturas a la película que se me ocurrieron palidecieron cuando se me ocurrió que llegaban Calvin y Hobbes en una lancha, sacaban a Pi y a Richard Parker de cuadro, y ellos, en tres viñetas, contaban una mejor historia.

Mucho mejor historia.

Gravity

Mucho mame se ha escrito dedicado a la mala ciencia de la película (que no es tanta). Uno de esos momentos de mala ciencia ocurre después de que Sandra Bullock y George Clooney, casi sin oxígeno y sin combustible para maniobrar, llegan a la estación espacial, a la que a duras penas se sujetan gracias a que una de las bien torneadas piernas de Sandra Bullock queda atorada a las cuerdas del paracaídas de un módulo Soyuz.

La mala ciencia ocurre cuando el personaje de Clooney, que no logra sujetarse a nada de la ISS, es pescado apenas por Sandra Bullock quien lo sujeta de una cinta de su traje. Clooney, entonces para no arrastrarla se zafa de su cinta y se va flotando al carajo (el carajo es ese lugar a donde llegan flotando todos los astronautas que se pierden en el espacio).

¿De dónde salió la inercia para que George Clooney siguiera jalando a Sandra Bullock al grado de casi hacerla perder su sujeción a la ISS?

Misterio.

Bueno, el mame que he leído contra esa mala ciencia, yo creo que lo escribieron puros fans de Clooney que se quedaron sin seguir viendo a su ídolo a un tercio de la peĺícula, pero no es a ellos a los que hay que componerles la plana: es a Alfonso Cuarón, el director.

Si de lo que se trataba era de despedirse del personaje de Clooney en ese momento (lo que está bien, a mí ya me daba hueva), la manera correcta de hacerlo no consistía en usar el recurso del escalador que corta su propia cuerda para que no se caigan con él sus compañeros. Ese recurso funciona cuando los personajes están en la superficie de la Tierra y la gravedad da un buen jalón a todos rumbo al centro del planeta. Pero es chafa cuando los personajes están en órbita.

Lo que había que hacer era aprovechar la inercia que llevaba Clooney antes de ser sujetado por Sandra Bullock.

Sandra Bullock y Clooney van rebotando por todo el exterior de la ISS sin lograr sujetarse y entonces Sandra Bullock se atora con las cuerdas del paracaídas de la Soyuz por muy poco, tal como ocurre en la película. Entonces, Clooney pasa flotando a su lado y el único chance que tiene de lograr sujeción es pescarse a una cinta del traje de Sandra Bullock, pero si lo hace puede hacer que Sandra Bullock pierda su precaria sujeción. ¿Qué hace? Deja deslizar la cinta entre sus dedos mientras sigue su trayectoria hacia el olvido.

Más heróico y más efectivo y sin tanto dengue y vericueto.

De nada.

pd1. Si no han visto Gravity me dan pena.

pd2. Si no han visto Life of Pi, procuren llegar a su tumba en esa condición.

pd3. Si cuando vieron "Calvin y Hobbes" no sabían de qué hablaba yo, mejor ya métanse a la mencionada tumba.

jueves, diciembre 05, 2013

Se murió Mandela pero dejó un recado


Háganse un favor y consulten la wikiquote.

De nada.

martes, diciembre 03, 2013

Trifecta


Justo antes de la caída me sentía bien. Cansado pero bien. Había subido y bajado a brincos y tropezones dos cerros, vadeado un río y pasado por una docena de obstáculos sin hacer burpees de castigo. Incluso cuando el paisaje de San Luis Potosí me parecía contemplativo, me detenía y miraba.

Aún las podía. Las semanas previas de distancias de más de 40K y decenas de rondas combinadas de ejercicios de bodyweight en piso y en barras paralelas se estaban notando. No obstante, estaba yo en el terreno más difícil en el que hubiera corrido.

- Pfff, al lado de este terreno, las otras Spartan fueron como en alfombra - iba pensando.

Tenía ante mí otro cerro para subir. No llevaba ni reloj ni cuentakilómetros. Suponía que quedaba un tercio de los 21K por recorrer. La pendiente no era tan accidentada como en los anteriores cerros y dos corredores, ya agotados, caminaban delante de mí. Yo aún corría.

Me salí del sendero para rebasar, y por ir viendo qué tenis traían puestos ellos en lugar de fijarme donde ponía yo los míos, pisé debajo de la maleza una piedra que rodó. La piedra hizo que rodaran más piedras y que rodara yo.

También rodó mi tobillo sobre sí mismo.

Los otros corredores se detuvieron a ver si no me había yo matado. Hicieron la pregunta solidaria más inútil que se le puede hacer a alguien que se tuerce una pata en una carrera y yace desparratado en el suelo.

- ¿Estás bien?

No estaba bien. Tenía espinas enterradas en la mano y en el brazo del cactus en el que aterricé. Ese era el menor de mis problemas. El tobillo me dolía un carajo. No sólo me lo había torcido, de acuerdo a mi experiencia en torceduras, me había desgarrado algunos ligamentos, y además, la piedra que me hizo rodar me lo había machacado. Evalué qué tanto lo podía mover: rotación lenta a la izquierda, rotación aún más lenta a la derecha. Apenas un 40% de movilidad, juzgué. Ya se estaba comenzando a hinchar.

Eché una mentada.

Los demás corredores me dieron consejos contradictorios. Dejé de escucharlos y me levanté.

- Estoy bien - mentí. - Seguiré caminando.

Cuando se fueron intenté trotar. A los cinco metros me detuve y me senté en el suelo a sobarme la pata.

Me acordé que en la Super Spartan de Valle de Bravo oí a un voluntario diciendo por radio a sus compañeros que había que sacar de la carrera a un corredor que iba rengueando. Me pregunté si el primer voluntario que me viera mandaría a la caballería a rescatarme.

Volví a echar mentadas. Sentí que todo el esfuerzo de meses lo acababa yo de mandar directo y sin escalas a la verga. Por torpe y por no fijarme dónde pisaba. Las torceduras que había tenido a lo largo del año habían sido picaduras de mosco al lado de esta.

Entonces, lo que hizo que recomenzara a correr hace meses, que es lo mismo que hizo que siguiera adelante cuando sentía que ya me estaba yo desarmando en las carreras previas y en las nomedalaganacontar horas de entrenamiento, tomó el volante.

- Levántate hijo de puta, que no oí que sonara la campana.

No fue fuerza de voluntad (si tal cosa existe la mía ha de ser como la de un adicto a la heroína). Si le tuviera que poner un nombre a lo que me movió lo llamaría necedad.

Ensayé unas zancadas, me di cuenta que si me esforzaba por aterrizar con la parte media del pie en lugar de usar la punta, como acostumbro, podía ir a velocidad de trote. Así subí el cerro.

Esa fue la parte fácil. Cuando comenzó la bajada ya no pude correr. El terreno estaba muy desnivelado y en una partes parecía que iba uno en un río de cascajo.

Pasé por el pasamanos, las paredes y la tabla de equlibrio con todo el cuidado del que fuí capaz. Cuando el terreno se nivelaba trotaba. Me rebasaron docenas de corredores. El último kilómetro lo recorrí en mutuas porras con otro corredor que daba 50 zancadas y se detenía por calambres.

Fallé la jabalina y la trepada de cuerda. Maldije esas burpees. Al final pasé el obstáculo de las llamas con más temor por mis tobillos torcidos que por mis tompiates chamuscados. El reloj de la meta decía 3h38m. Casi me abrazo de la guapa que estaba poniendo las medallas a los corredores. Después de ir por mi Trifecta (otra medalla por haber acumulado los tres tipos de Spartan en menos de un año) se me olvidó la torcedura un rato.

El rengueo y el dolor intenso me duraron tres días. El hielo, muchas horas de descanso y probar algo que he aprendido de biomecánica aceleraron la recuperación. Una semana después pude correr de nuevo.

Ahora bien, ¿qué fue lo que aprendí de tanta pinche tortura? Varias cosas. A continuación las enlisto sin orden ni concierto:

1. Ningún tenis con toda la tecnología del mundo (al menos la disponible actualmente), puede sustituir a tus ojos y a tu cerebro. Cuando corras fíjate dónde tienes los pies y dónde los vas a poner. Cuando hagas carreras de trail aumenta esa precaución.

2. Nunca deseches, sin probar antes, un ejercicio que pueda llevarte a mejorar tu equilibrio o tu fuerza o tu flexibilidad o tu coordinación. Pensar de antemano que un movimiento es muy sencillo o que no se ve como un ejercicio badass no es razón para desecharlo.

3. No todo son repeticiones y series. Si descuidas la forma en que te mueves al realizar cualquier ejercicio, importa. E importa mucho. Además procura tener en mente la siguiente pregunta ¿este ejercicio que estoy haciendo me está acercando a mi objetivo? (sí hay que tener uno, si no, sólo te estás haciendo guey). Si la respuesta es no, estás perdiendo el tiempo. Si la respuesta es no lo sé, empieza por averiguarlo.

4. Repetir como perico que tal movimiento va a servir para trabajar tal grupo de músculos, es inútil. También lo es llevar la cuenta de las calorías y las tallas. Lo que importa es cómo te muevas y que comas rico y balanceado, lo demás ya llega como consecuencia.

5. Llenarse de puras lechugas no es rico ni es balanceado.

6. Los períodos de descanso y recuperación son tan importantes como el tiempo de ejercicio.

7. Como todo en la vida, la variedad rifa. Variar tu rutina de ejercicio mejora mucho el desempeño y aparte evita que te aburras y mandes al carajo el progreso que llevas.

8. Hay gente a la que le funciona ejercitarse en grupo para animarse. Yo no soy de esa gente, pero aunque uno vaya por la vida como lobo de las estepas, eso no es excusa para no aprender de otra gente.

9. Martí tiene la peor selección de ropa y tenis para correr.

10. Correr no te hace mejor persona. Ni siquiera te quita un poquito lo hijodeputa que seas. Y tampoco tiene nada de místico ni de espiritual. Nada lo tiene.

11. Entrenar no sirve para que te canses menos. Para lo que sirve es para que cuando llegue el cansancio, no te detengas.

12. El agua es tu amiga. Las bebidas isotónicas, no. Los refrescos ni siquiera los consideres como bebida.

13. Una burbuburguesa o una pizza o unos waffles o unas cervezas o media botella de mezcal (sí, tomo mezcal, porque puedo y quiero) o una orgía de tocino de vez en cuando no van a hacer que se eche a perder tu progreso. No mamar.

14. No a todas las chavas que se van a encontrar en la pista les quedan los leggings. *Se estremece del horror*

15. A la gente le vale pura reata lo que tengas que decir sobre el tema de correr y hacer ejercicio. Lo que tampoco es excusa para que no llenes unas líneas sobre eso. O lo que sea.

pd. ¿Cómo se llamarán 3 trifectas? ¿Tritrifecta? ¿Trifecta inception? ¿Trifecta al cuadrado?

miércoles, noviembre 27, 2013

Bailen. Bailen, he dicho.

Hace dos noches en un momento de fastidio producto del sopor de mi chamba grotesca, prendí la radio, y oí al conductor que estaba en Reactor comentar de la canción que estaba por presentar, cosas que pesqué a parcialidades:

"Pharrell Williams... Happy... Despicable me 2... video de 24 hrs... 360 bailando a lo largo de todo un día en clips de 4 mins"

Fin de cacareo del locutor. Sonó la rola y para mi gran asombro una cantaleta con frases "clap along if you feel like a room without a roof, clap along if you feel like hapinness is the truth" me quitó el fastidio postchamba.

Bajé la rola al celular y después de someterla a la prueba muy científica de oirla horas sin que me provocara náuseas, y verificar que sonara igual de pringosa que cuando la oí por primera vez, decidí ponerla en un playlist titulado "rolas para poner antes de hacer que el mundo arda".

(... si lo que está debajo de nuestros pies ya está ardiendo como lo podemos ver cada que un volcán hace erupción, entonces nomás hay que concentrarse en hacer que ardan los 5-70 kms de corteza terrestre... fácil)

Después de más digresiones de ruina, muerte y destrucción como la anterior, me puse a mirar el video.

Y bailé.

Sí, bailé, y aquí es donde uds se sacan los ojos y le echan cloro a su cerebro -no en ese orden, tarados pues el cloro no lo van a hallar a tientas-.

Lo que viene es pura recomendación. Pongan durante lo que aguanten el video 24hoursofhappy.com. El video se va a cargar en el clip correspondiente a la hora de su máquina, y tiene una interfaz muy cuca que les permitirá navegar por los clips de bailadores felices a lo largo de 24hrs. Otra de las cosas notables es que los bailadores no usan más coreografía que la que se les antoja oyendo la rola de Pharrell Williams mientras avanzan hacia la cámara por banquetas, puentes, pasillos, escaleras, rampas, parques, etcétera.

Hay gente que lo hace muy bien, otros que parecen que van espantando moscas y unos pocos que parece que están a punto de echarse a bailar watussi. El resultado final, que no es para disfrutarse en una sola sesión, es un equilibrio muy variado y muy logrado entre espontaneidad y organización. En el artículo de la wikipedia sobre la canción, viene la hora a la que salen algunos cameos.

De las 3hrs que llevo vistas, mi clip preferido es el de una morenita (acúsenme a la CONAPRED, pasajeros del avión del mame del color de piel) que sale a las 6:48am. No solo baila chido sino que lo hace en una pista para correr, lo que le agrega muchos peldaños al pedestal en el que la puse.




El video no funciona en celulares, así que aprovechen eso para levantar su culo nalguiplano de tanto tenerlo aplastado en un sillón, pongan el navegador de su preferencia en su laptop o desktop 24hoursofhappy.com y vean qué tanto pueden sacudirse la modorra que los caracteriza.

lunes, noviembre 25, 2013

El subjuntivo en pretérito imperfecto del verbo Haber y algo de cosmología

Yo (terminando de contar cualquier barbaridad): ... y entonces si no se hubiera acabado mi provisión de clavos para mi bat con clavos, uds no estarían aquí.

Interlocutor (ansioso de repetir la siguiente tontería): El hubiera no existe.

Yo: ¿Tú eres de esa gente que no concibe otra cosa fuera de su provincia de un volumen de Hubble, verdad?

Interlocutor: ¿... Eh?

Yo: Sí, eso mismo pensé.

Y por cosas como el diálogo anterior, avezados lectores, mi lista de gente con la que puedo platicar a gusto va disminuyendo más rápido de lo que el Universo se está expandiendo.

Terminaré como un ermitaño gruñón. Ya me ví. Según mis cálculos en 3... 2...

lunes, noviembre 18, 2013

Reescribiendo La Biblia

Yo digo que lo que necesita La Biblia es que alguien la refritee, igualito que como a teleculebrón vespertino. Así que ahí va mi aportación.

jueves, noviembre 14, 2013

La pared

En la chamba tengo una computadora que parece pared, para realizar mis labores computitas. Es una Acer Veritron, lenta, fea y a la que se le va la onda a cada rato. Usarla me provoca los mismos efectos que oir una canción de Mercedes Sosa. Es decir, sopor y fastidio.

Su característica más notable es que es puro monitor. Creo fue fabricada por investigadores que han de haber estado queriendo romper algún record de reflectancia. Sus esfuerzos, exitosos, me permiten contemplar mis pestañas, mis orejotas, mis greñas y las luces de dos pasillos detrás de mí con gran nitidez. Todo el tiempo.

Si quiero poner atención a lo que estoy escribiendo debo hacer ejercicios de adivinación.


La principal virtud que le hallo a este armatoste es que me defiende de los estornudos de los cogüorkers moqueantes que se sientan frente a mí.

ps. ¿Esperaban una bosta de proporciones wikipédicas que reanudara las publicaciones periódicas de este blog pitero? Si es así, se equivocaron de dirección gente.

jueves, agosto 08, 2013

Clarke y la hamburguesa in vitro

Si uds son de poner atención a noticias de ciencia y tecnología, quizá ya se hayan enterado de que uno de los logros más recientes en materia de cultivo de tejido a partir de células madre ha consistido en hacer una hamburguesa. A partir de las células del hombro de una vaca. Sin necesidad de llevar a una vaca al matadero.

Chomp.




¿Sus hamburguesas de células madre las va a querer con todo, joven?

De acuerdo a los primeros comentarios de los que le hincaron el diente, a la carne cultivada le falta sabor. Dicen que eso se debe a que carece de grasa pero esa carencia es algo que se puede componer en el laboratorio. O si no, en la sartén. Hasta ahora no se ha reportado que los comensales hayan caído muertos o enfermos, lo que no sorprende a alguien que ha comido hamburguesas de procedencia más extraña en los puestos callejeros de la ciudad de México.

Cuando leí la nota, me acordé de una desgracia que le pasa a Frank Poole, el protagonista de 3001 -el final de la saga de 2001, Odisea en el Espacio-. Después de flotar por mil años en el Sistema Solar gracias a que HAL lo noqueó en 2001 camino a Júpiter, es encontrado, rescatado, revivido y reincorporado a una sociedad un milenio más adelantada de lo que él recordaba. Un buen día a Frank se le antoja un filete y comunica el antojo a sus anfitriones que se horrorizan exclamando que cómo podía comer carne de un animal muerto.

De todo esto concluyo que ni un visionario como Arthur C. Clark vio venir esto de que algún día se pudiera hacer crecer carne. Y eso que había dinosaurios jurassicpark-alike en su novela.

jueves, agosto 01, 2013

Lugares para correr en el D.F.

Hace unos posts alguien comentó que este blog daba hueva desde que me puse a correr. Inspirado en ese comentario escribí unas líneas del tema. Con ello pretendo o bien matarlos de hueva o bien animarlos a ponerse unos tenis para quitarse esa panza execrable que tienen.

En cualquiera de los dos casos se compone un poco el mundo.

Click en la imagen para leer.


lunes, julio 22, 2013

La sábana

Hace unos días, platicando con coguorkers, mi cerebro que reacciona de formas muy raras ante el aburrimiento hizo una conexión entre el tema de la conversación y unas piezas que vi hace meses en una exposición. Las piezas son éstas:



Son sábanas mortuorias. El logo verde que las adorna es del Instituto Mexicano del Seguro Social y las siluetas corresponden a las huellas grasientas de adiposidades cadavéricas de los muertos con quienes las usaron.

La descripción que hice de las piezas exhibidas horrorizó a mis coguorkers y me quitó lo aburrido, que era lo que yo quería, pero me dejó con la duda de cuál era el discurso museográfico en el que había yo visto colgada esa sábana.

Esa tarde llegué a casa a revisar mi fototeca. Recordé que en noviembre de 2011 en el MUNAL había yo visitado una exposición que estaba en sus últimos días cuando en otra sala estaban haciendo fila los visitantes para ver Escher y sus contemporáneos. En aquella exposición ví las sábanas de muerto y les tomé fotos junto a una plaquita explicativa que decía "SEMEFO, Dermis".

Googleé un poco y hallé que SEMEFO es el nombre de un colectivo que usó las siglas del Servicio Médico Forense para bautizarse. En emeesedos hablan más de la obra de SEMEFO.

Como sea, ahora pienso recurrentemente en esa imagen de la sábana con grasa de cadáver. Supongo que eso se debe a que mi chamba consiste en prestar mis servicios computitos en el IMSS. Otra vez. Y porque cada tarea que me asignan me deja con la impresión de que necesita una de esas sábanas.

lunes, julio 15, 2013

Espartanas

La idea

Hace 8 semanas, cuando aún estaba yo borracho de serotonina por mi participación reciente en la Super Spartan de Valle de Bravo, tuve un idea impulsiva que decidí seguir. El impulso iba así:

"Ya van dos Spartan Races en las que participas y al pisar el tapetito de la meta piensas que es la actividad física más genial que puede hacer uno con la ropa puesta. ¿Qué tal si compartes la experiencia más allá de los confines de tu blog pitero? Los organizadores han dicho que harán otra de 5K con 20+ obstáculos en el Estadio Azteca a mediados de julio. Tienes tiempo para armar un equipo y ayudar a los integrantes con su entrenamiento de acuerdo a lo que has aprendido en las dos carreras."

Plantear los criterios de selección para decidir a qué gente le preguntaba "¿te inscribo?" fue muy sencillo. Eran sólo dos: primero, que no me fueran completamente execrables (toda la gente es execrable en algún grado para cualquiera, nomás que yo soy de los que reconoce ese hecho gracias a mi execrablemetro de bolsillo). Y segundo, que no estuvieran mancos y cojos -literal o figurado-.

La preparación

Entre las negativas e ignoradas, recibí cuatro "va, pero me ayudas a entrenar". Ahora que ya pasó la carrera me doy cuenta que fuí muy, muy, muy afortunado de que las cuatro que aceptaran fueran parte de mi cada vez más reducida lista de gente que estimo y quiero.

Una venía de entrenar para un concurso de porristas que se apestó, otra había dejado su incipiente entrenamiento corriendo porque sentía que su rodilla ya no las podía, otra llevaba unas pocas semanas yendo esporádicamente al gimnasio y otra recorría los ciclotones (¿semanales, quincenales, mensuales?) cortesía del GDF.

Ante la premura de tiempo me decidí por fundar una base más o menos común de fuerza y resistencia que les permitiera terminar como equipo una Spartan Race Sprint y disfrutarla más de lo que la sufrirían, pese a sus distintas condiciones físicas. Fue genial ver su avance. En la primera semana comenzaron corriendo menos de 15 minutos seguidos. En la última semana hacían rutinas que incluían decenas de minutos corriendo, más de 6.5K con holgura y burpees que ya se podían contar como centenas.



Algunos domingos previos al de la carrera nos juntamos para ver sus avances. La primera de esas sesiones de revisión consistió en ver si podían aguantar 30 mins corriendo. En la segunda fuimos a correr/caminar el circuito de la montaña en el Bosque de Tlalpan (al final de esa sesión cuando anuncié que habían recorrido 7.4K una de ellas hizo como que se desmayaba). La tercera sesión fue un ensayo general que consistió en hacer 12 rondas de 400 mts y algún ejercicio que se asemejara al esfuerzo que había que realizar para los obstáculos que había yo visto en las carreras previas.



Después de esa última sesión grupal en donde los cinco descubrimos que lanzamos la javalina con la misma gracia y estilo con la que escupimos una flema, me sentí confiado en que las cuatro sí las podrían en la carrera. Ese día mi confianza se transformó en desconcierto cuando me vi visitando más de una tienda en el Centro Histórico para comprar con cuatro fashionistas, playeras que les gustaran y con las que hiciéramos juego.

Al inicio de cada semana , que era cuando les mandaba el entrenamiento de los siguientes cinco días, apuesto a que pensaban que yo me regodeaba en mi sadismo. Lo cierto es que esas siete semanas las pasé temiendo que alguna o todas llegaran al punto del sobreentrenamiento o peor, a lesionarse. No pasó en parte por que me fijaba muy bien cuánta carga les ponía y porque soy un chingado genio (y modesto, además). También ayudó que ellas son muy listas. Pero no faltaron los accidentes. Una se torció el tobillo pero no por mi culpa, sino por usarlo de tiro al blanco yendo a jugar gotcha un día que les dije "hoy descansen". No obstante, se compuso gracias al hielo, al flanax, al reposo y a su veinteñearismo. Otra se torció el pie bajando unas escaleras usando unos tacones más altos que mi copete pero también se compuso yendo a chelear ese mismo día.

La carrera

Como ya lo platiqué en febrero, la onda de correr una Spartan Race no consiste en limitarse a poner un pie adelante del otro al mejor ritmo que uno pueda a lo largo de una ruta estudiada de antemano. En una Spartan Race se trata de ir avanzando, sin conocer la ruta, por los obstáculos, unos naturales del terreno donde transcurra la carrera (en la de Valle de Bravo, la altimetría estaba de nomamar y cuando el terreno era plano había que ir brincando entre matorrales tuercetobillos) y otros fabricados (trepar paredes, levantar pesos muertos con poleas, arrastrar bloques de concreto, etc).

En el Estadio Azteca no esperaba yo que hubiera más rigor en el ámbito del terreno que en las ocasiones en las que hubo que subir y bajar cerros, metiéndose en ríos de lodo, internándose en barrancas y recibiendo bofetadas de ramas. Y no lo hubo. Lo que sí hubo en cambio, fue un conjunto de obstáculos más difíciles que lo que habían puesto en Valle de Bravo y Santa Ana Jilotzingo. Y eso era lo que reportaban los que corrieron el sábado.



El domingo, lo madrugamos para estar a las 7:30 ante el Estadio Azteca del lado de Insurgentes recogiendo nuestros números y chips de participantes. Llevábamos una porra reducida pero muy cariñosa, y aplaudidora. Mientras calentábamos y nos enfilábamos al corral de salida, mis cuatro enjaretadas se retorcían de nervios. Nervios que se les quitaron cuando dimos el primer paso poco después de que nos preguntaran como se llamaba nuestro equipo:

"Ninguna mula se me echó".

Pocas veces he escogido un mejor nombre. Ninguna de las cuatro, repito, ninguna, dijo en algún momento de la carrera "hasta aquí llegué", a pesar de los dolores, el cansancio, las burpees de castigo cuando fallaban algún obstáculo, siguieron avanzando hasta llegar a la meta. Estoy contento y orgulloso de que pasaran con varios grados de habilidad, pero sin perder nunca la gracia, los obstáculos de la carrera, de los que destaco:

a. Chingomil gradas que había que subir y bajar, primero sin carga y luego llevando un bulto de arena.
b. Paredes que parecían que brotaban como hongos del suelo. Unas bajitas, unas altas, otras altísimas. Pero todas las cruzaban (después de un impulsito por parte del coach).
c. Una subida y bajada en polea de un peso de 45 kg.
d. Una subida de rampa caminando como oso y otra subida de rampa caminando como la niña de El Exorcista (nomás que gritando más fuerte y echando más maldiciones).
e. Tres redes de cuerda en algunos de los desniveles del estadio.
f. Una paseada de garrafón de agua de 10 lts (los participantes sin vagina cargábamos uno de 20 lts) entrando por uno de los túneles, pasando unas gradas y saliendo por otro túnel.
g. Remar 500 mts en 2 minutos.
h. Trepar de un lado a otro por los soportes de una pared transversal.
i. Cargar un barril de concreto unos 15 mts, hacer 5 burpees y llevarlo al lugar de donde lo recogieron.
j. Quitarse de encima a un trío de gladiadores blandiendo cotonetes.

Verlas recibir su medalla y playera de finalista después de haber pasado 5K y 20+ obstáculos es una de esas imágenes que me harán sonreir cuando tenga que enfrentar al pelotón de fusilamiento dentro de cincu... sese... dentro de muchas décadas.

El resultado

Hicimos dos horas. Los más rápidos hicieron poco menos de 50 mins. (Siguiente objetivo personal: en la próxima Spartan Sprint inscribirme en una oleada Elite y en otra oleada en equipo). Mis espartanas se divirtieron más de lo que sufrieron. Hoy, a un día después de la carrera, unas en vivo y otras por whatsapp han manifestado que les duelen partes del cuerpo que ya sabían que tenían gracias a los entrenamientos, pero que no se imaginaban que pudieran doler más. Las paredes y las levantadas de peso están cobrando la cuota, pero no al grado de que alguna se desdiga de lo que platicaban ayer, mientras nos zampábamos una hamburguesa c/ malteada de premio.

"Queremos seguir entrenando".

Son la onda. Y yo soy muy feliz de haber participado diciéndoles cómo y por dónde. Y seguiré estando ahí para continuar diciéndoles cómo y por dónde mientras las puedan, y de paso ir aprendiendo y divirtiéndome en el proceso.



Con ellas y con quien quiera y pueda.

viernes, junio 14, 2013

viernes, mayo 03, 2013

Lo que oigo cuando corro y de lo que habla Murakami cuando habla de correr

I.

Recién me preguntaron qué oigo cuando corro. Creo que soy tradicional al respecto. Lo que encuentre que me guste y cuyos beats suenen parecido al golpe de mis pies contra la arcilla es lo que oigo. A mi playlist le puse "No oí que sonara la campana, hijodeputa" (al lector que requiera explicación de esa referencia péguese un balazo, o mejor aún, siéntese a mirar las películas de Rocky). Dura aproximadamente 55 minutos y pasé depurándola el último trimestre de entrenamiento para la siguiente Spartan Race. Cuando hago 10K suelo quedarme sin oir una o dos rolas (depende de la altimetría de la pista donde corra) pero cuando hago 12K o 15K empiezo a oir rolas repetidas. Lo que está bien para mí.

Va mi soundtrack para correr -y también lo uso cuando el entrenamiento no incluye correr- (sin ningún orden en especial).

1. Hyperballad de Björk. Por alguna razón que muchos encuentran inquietante a mí me anima a correr la imagen mental cuando dice

it's real early morning
no-one is awake
i'm back at my cliff
still throwing things off
i listen to the sounds they make
on their way down
i follow with my eyes 'til they crash
imagine what my body would sound like
slamming against those rocks

and when it lands
will my eyes
be closed or open?

2. Tema principal de la película de Superman. John Williams, con cuerdas y metales me ha servido para remontar sin detenerme "la pared" del Bosque de Tlalpan.

3. Heart's on fire de John Cafferty. Del soundtrack de Rocky IV, las pocas sesiones que estuve probando las aplicaciones chafas para celular -Nike+, Runkeeper, etc- que miden distancia a esta era la que configuraraba como mi power song. Si Rocky pudo detener la guerra fría a puñetazos con esto seguro yo puedo correr una vuelta más.

4. Training montage, también del soundtrack de Rocky IV. Hace buena mancuerna con la anterior y funciona bien sola cuando hay que hacer secuencias de sprints.

5. Pressure de Billy Joel. Si suena cuando me están molestando las pantorrillas, el tobillo derecho o la rodilla izquierda -lo que pasa con más frecuencia de lo que me gusta admitir- no ocurre ninguna magia de desaparecer el dolor pero sí cumple su cometido de que me de cuenta que aún las puedo y continuo.

6. Over and over again de Clap your hands Say Yeah. No importa si suena al inicio, a la mitad o al final del entrenamiento, siempre me sirve de recordatorio para seguir dando zancadas. O haciendo burpees. O colgándome como chango de una barra. Lo que toque.

7. Light and Day de Polyphonic Spree. Me gusta en especial cuando corro en las mañanas o en las tardes y sol está cerca del horizonte. La imagen mental de perseguirlo corriendo la encuentro alentadora.

8. Raiders of the Lost Ark. John Williams de nuevo haciendo lo suyo para que yo haga lo mío.

9. Shine de Love Freaks. Cuando la oigo, mi cabeza pone play al video donde sale una guapa bailando en patines. Se está divirtiendo tanto que considero que vale la pena procurar imitarla.

10. Steam train to Mallaig. Esta venía en un disco que les compré a los de la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio. Y ha de ser la única rola de gaitas que he oído que resulta alentadora, no nostálgica. La tocan mejor los del Batallón de San Patricio que cualquier otra banda que he oido en los youtubes.

11. Arise de Posthumus. Si con chelos y violines en permanente crescendo justo antes de que lleguen las percusiones y metales a hacer lo mismo, no levantas las rodillas, con nada lo vas a hacer.

12. Spectrum de Zedd. Esta rola tiene la característica nada despreciable de quitarme el mal viaje que tenga.

13. Firework de Katy Perry. De nuevo, esta rola remite mi cabeza al video, donde, ya se sabe, sale Katy Perry echando fuegos artificiales por las tetas. Por supuesto, es una imagen para correr por ella.

14. A little less conversation de Elvis vs JXL. Si el señor Elvis Presley dice que menos conversación y más acción, uno le hace caso. Si te pones a discutir lo estás haciendo mal.

Y ya.

II.

Compré el libro de Haruki Murakami De qué hablo cuando hablo de correr, atraído por la perspectiva de leer sobre una actividad a la que en los últimos meses le he dedicado tanto tiempo, desde el punto de vista de un señor que vive de juntar palabras una detrás de otra.

El libro consta de un montón de textos o memorias, escritos entre el verano de 2005 y otoño de 2006, en los que Murakami aborda sus entrenamientos (no se espanten, no se van a encontrar tablas inmensas de tiempos y distancias semanales), sus recorridos en Hawaii, Boston, NY y Japón, y sus preocupaciones y reflexiones antes y durante las carreras en las que ha participado (hace maratones y triatlones y ha corrido una ultramaratón), más o menos acomodados cronológicamente.

Y en algunos textos aborda los paralelismos que ha encontrado entre correr carreras de fondo y escribir novelas.

También resultó refrescante ver que incluso para alguien tan experimentado como Murakami, el hecho de encarar una carrera para la que se estuvo entrenando, siempre es una incógnita. En mi caso las preguntas que repito en mi cabeza unas cienmil veces diarias los días previos a estar yo cagado de nervio ante la salida son ¿habré entrenado lo suficiente? ¿sí las podré llevar hasta la meta? ¿la sufriré más de lo que la disfrutaré?

De todo lo que leí lo que viene a continuación es lo que encuentro más rifador. No es una cita corta:


[Después de terminar un triatlón del que Murakami salió satisfecho] 
Por supuesto, físicamente resultó muy duro y, en el plano psicológico, viví también momentos de gran decaimiento. Pero esa dureza viene a ser algo así como una premisa para los deportes de esta índole. Si el sufrimiento no formara parte de ellos, ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafíos como una maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan? 
Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, sí al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las calificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos. 
Mientras conducía en el camino de vuelta desde Niigata a Tokio, vi a varias personas que regresaban de la carrera con las bicicletas sujetas a los techos de sus coches. Gente bronceada y de complexión fuerte. Cuerpos de triatletas. Había terminado nuestra modesta carrera dominical de principios de otoño y volvíamos a nuestras casas y a nuestras rutinas. Y, cada uno en su ciudad, nos entrenaríamos en silencio como hasta ahora (supongo) para preparar la siguiente carrera. Aunque este tipo de vida, vista desde fuera (o tal vez desde muy arriba), pueda parecer efímera, inútil y sin mucho sentido, o sumamente ineficaz, me digo que hay que resignarse a lo que hay. Aunque realmente no se trate sino de un acto vano, como verter agua en una vieja olla agujereada, al menos siempre quedará el hecho de haber realizado el esfuerzo. Tendrá su utilidad o no, será o no atractiva a los ojos de los demás, pero, en definitiva, lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad. Tal vez sean tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas. Eso pienso yo. Pienso así tanto por lo que siento, como por mi experiencia. 
Por descontado, ignoro hasta cuándo podré mantener este ciclo de tareas y actividades de escasa utilidad. Pero, por lo pronto, ya que hasta ahora he venido realizándolas con perserverancia y sin hastiarme, pienso intentar seguir realizándolas mientras pueda. Y es que las carreras de larga distancia han ido educando y formando (en mayor o menor medida, para bien o para mal) a esta persona que soy yo ahora. Así que presumo que, en adelante y mientras me sea posible, tendré que seguir viviendo y sumando años junto a todo lo que tenga que ver con ellas. Supongo que ésa es también una (y no pretendo de calificarla de coherente) forma de vivir. O, mejor dicho, es la única que a estas alturas puedo elegir, ¿no? 
Es esos pensamientos perdía mi mente mientras iba con las manos al volante. 
Supongo que el próximo invierno tendré que volver a correr a otro maratón en alguna parte del mundo. Y supongo que, en el verano del año que viene, tendré que enfrentarme de nuevo a una carrera de triatlón en algún otro lugar. De este modo irán sucediéndose las estaciones y transcurriendo los años. Yo cumpliré un año más y tal vez escriba una novela más. De cualquier modo, tomaré en mis manos las tareas que en ese momento tenga frente a mí y las iré despachando una a una con todo mi empeño. Me concentraré en cada una de las zancadas que deba dar. Pero, al mismo tiempo, intentaré reflexionar sobre las cosas con la mayor amplitud de miras posible y ver los paisajes lo más alejado que pueda. Porque está claro que soy un corredor de distancias largas. 
Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, o cómo te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Para un corredor como yo, lo importante, es ir superando, con sus propias piernas y firmeza, cada una de sus metas. Quedarse convencido, a su manera, de que ha dado todo lo que tenía que dar y de que ha aguantado como debía. Ir extrayendo alguna enseñanza concreta (no importa lo nimia que sea, pero que sea lo más concreta posible) de las alegrías y los fracasos. Y, a base de tiempo y de años, ir acumulando una por una carreras de ese tipo para, finalmente, sentirse satisfecho. O, tal vez, aproximarse, siquiera un poco, a algo parecido a eso (sí tal vez esta expresión sea más adecuada). 
Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera elegir yo las palabras, me gustaría que dijera lo siguiente 

HARUKI MURAKAMI
Escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final 
Es estos momentos, eso es lo que desearía
Pocas veces estoy tan de acuerdo con alguien. Murakami, tiene razón, uno vive con base en esfuerzos que no son otra cosa que aproximaciones sucesivas a un ideal (paréntesis para recordar que ese concepto de aproximaciones sucesivas también funciona en la ciencia: como nuestro mapa-rompecabezas en permanente construcción del Universo).

Aguantar sin caminar hasta el final es un buen motivo para continuar. Estoy considerando adoptarlo.

miércoles, abril 17, 2013

El niño y el Tepozteco

Si aún hay lectores de este blog quizá recuerden que hace algunas semanas estaba yo contando de la ordalía voluntaria -y nada gratuita- a la que me sometí al participar en una Spartan Race Sprint.

Pues bien, tantito por masoquismo, tantito porque fue una experiencia más divertida que agotadora y muchote porque no quiero yo volver a tener carnes fofas producto de mi godinismo glotón y sedentario (aunque eso de mi godinismo está en suspenso, como ya expliqué), me he inscrito a una siguiente Spartan Race. Ésta, Super (es decir, más kilómetros y más obstáculos), en Valle de Bravo, en mayo.

He aquí la altimetría de la ruta que publicaron los organizadores en FB.



Ante ese panorama de corredera tan abrupta, hace unos días que estuve en Morelos, decidí incorporar a mi entrenamiento treparme al Tepozteco. Hasta la cima, no hasta la pirámide que es a donde nomás llegan los turistas que no hallan qué hacer el fin de semana.

Cuando subo al Tepozteco me gusta hacerlo en la mañana. Así que paso la noche previa en la casa de mis papás que viven en Cuernavaca. Mi mamá, cuando se entera de lo que quiero hacer a la mañana siguiente, me cuenta una historia disuasoria, sin importarle si ya lo ha hecho decenas de veces antes y si yo ya he subido otras tantas el mentado Tepozteco.

Digo que es historia disuasoria porque creo que la intención de mi madre es que yo reaccione diciendo "uy que susto, no subiré al Tepozteco, me quedaré y seré un fofo feliz como tus otros hijos".

La historia va así.

Iba mi mamá caminando un día, muy contenta, al pie del Tepozteco con intenciones de subir el cerro y llegar a la pirámide cuando ve pasar corriendo a unos paramédicos cargando una camilla vacía en la misma dirección que ella llevaba. Más tarde ve pasar a los mismos paramédicos, esta vez en dirección contraria y con la camilla ocupada por un señor que parecía desmayado pero que ya estaba muerto.

Mi madre no es que tenga superpoderes de diagnóstico clínico remoto. Se enteró que el señor por el que se había armado tanto relajo estaba muerto porque cuando se desanimó y desandó el camino hasta el estacionamiento, se dio cuenta que la camilla con todo y muerto estaba obstruyendo la salida del cajón que ocupaba su coche mientras los paramédicos esperaban a que llegara alguien del Ministerio Público a decirles qué hacer con el cadáver.

Así que mi mamá se quedó esperando también. Durante la espera, antes que el agente del Ministerio Público, llegó la recién viuda llevando a un niño recién huérfano. Mi mamá no tiene superpoderes de diagnóstico clínico remoto, pero sí los tiene para entablar conversación con todo mundo sin importar las circunstancias. Así fue como se enteró que el muerto era cuarentón, que jamás se había enfermado de nada grave antes, que durante su vida matrimonial no había ido a una consulta médica y que ese fin de semana quiso subir El Tepozteco amparado con su última frase célebre que fue mutatis mutandis "todavía las puedo" antes de caer exánime al suelo.

Fin de la historia que me cuenta mi mamá.

Cada vez que oigo esa historia me quedo pensando no en el muerto ni en la viuda, y mucho menos en que me vaya a pasar lo mismo, sino en la criatura. A veces me lo imagino en brazos de su mamá, otras veces, ya más crecido, de pie y sin soltar la mano de su mamá. Pero siempre con los ojos abiertos como platos contemplando los elementos de la escena: el papá tumbado en una camilla y mosqueándose al pie de las llantas traseras del coche de mi madre, los paramédicos esperando y su mamá explicando a sollozos como cayó fulminado su papá. Sin entender del todo lo que pasa pero quedándosele grabado en la cabeza el drama.

Como ésta es una historia repetida hasta la naúsea, ya han pasado algunos años del incidente. El niño ya no lo es. Debe ser un adolescente o está a punto de serlo. También me lo imagino yendo al Tepozteco por su cuenta para enfrentar la cordillera que mató a su padre...

... y la cara de desconcierto que ponga cuando vea que el lugar está repleto de gordos y gordas subiendo las lajas de piedra que conducen a la pirámide, echando sudores y jadeos, pero sin caer fulminados.

Por eso amiguitos, levanten el culo de vez en cuando de enfrente del monitor y usen el poder de sus piernas para ir de un lado a otro. Si han cumplido al menos cuatro décadas (si no saben contar décadas eso quiere decir que están treintones) usen ese poder para irse a hacer un chequeo. No vayan a ser los progenitores de chamacos que pasen sus primeros años pensando en retos imposibles donde no los hay.

viernes, marzo 22, 2013

Exgodinez

Para el siguiente 1ero de abril espero amanecer con las siguientes características:

Desempleado. Exgodinez.

Los últimos 24 meses de chamba han sido, en el ámbito profesional, ruinosos. Sí, ruinosos, esa es la palabra. Si no estuviera yo más interesado en cambiar de carrera que en darle continuidad a la que ya tengo, estaría en un dilema de agregar en mi CV el último proyecto en el que participé que quedó en puros pitos y flautas.

Pero me estoy adelantando. Veamos si puedo poner por escrito el progreso de la debacle laboral en la que estoy.

En marzo del 2011 estaba yo pisando los cimientos poco firmes del ISSSTE como computito de una consultoría ambiciosa y con proyectos interesantes. El ISSSTE, para quien no lo sepa, es la institución gubernamental encargada de brindar servicios de salud a los trabajadores del Estado mexicano, a puro burócrata pues. Si digo que los cimientos del ISSSTE son poco firmes es porque es una de las instituciones más corruptas que hay y porque sus oficinas situadas en Av de la República están yéndose de bruces sobre la calle.

Antes de eso había pasado una temporada larga haciendo lo mismo para otra consultoría mangoneada por hindúes -hindúes ojetes no hindúes chidos como el que sale en TBBT- TATA. TATA se había hecho con el contrato de outsourcing computito del IMSS (otra institución gubernamental, ésta proveedora de los servicios de salud de 1 de cada 2 mexicanos) en 2008 y en enero de 2011 el instituto le dio una patada en el trasero y yo, a mi vez, les di otra.

A finales de marzo, los encargados en el IMSS de un proyecto largo, tedioso y cagante -como la cuaresma, por lo que en adelante lo llamaré el proyecto cuaresma- me buscaron para reincorporarme. La idea era que me contrataría la Universidad del Estado de México, que se quedó con el proyecto, junto con los millones que paga el IMSS por puritita basura, para ser computito de outsourcing de lo que se ofreciera en el instituto. Como ví que había urgencia decidí que si iba usar mi tiempo en el IMSS y en el proyecto Cuaresma había que pedir un chinguero de dinero a cambio.

Y así me convertí en puta. Puta cara pero al final en puta.

Durante varios meses fui testigo, cómplice y víctima del desarrollo del proyecto Cuaresma. Cuando nos entregaron las primeras versiones del sistema producto de todos nuestros afanes me di cuenta que no servía para lo que habíamos escrito en un chinguero de casos de uso, pero que sí era muy bueno para pegar corajes.

Hubo varios cambios de administración del proyecto. A la única administración que no fue completamente desafortunada y con la que pudimos avanzar a pesar de las insensateces burocráticas de directores y coordinadores, recientemente le dieron carpetazo, por "decreto de austeridad".

Y una de las consecuencias de ese decreto de austeridad consiste en que el 31 de marzo, todos los computitos externos al IMSS deberemos irnos a nuestras casas.

Durante esta experiencia conocí gente genial, gente chida, gente horrenda y gente olvidable. El primer rubro los cuento con los dedos de una mano y me sobran dedos. Es gente cuya ausencia en mi vida no me la quiero ni imaginar. Del rubro de los chidos hay más gente (ya necesito las dos manos para contarlos). Es gente con la que puedo irme a echar una chela, o varias, y salir contento de la experiencia. También es gente que tiene talento y capacidad con la que se puede concretar un proyecto.

De los otros dos rubros hay muchos más. No volverlos a ver ni a tener noticias de ellos me causaría el mismo pesar que el que me provoca perderme un concurso de futbol.

Ahora bien, aunque me llamen a continuar no tengo muchas ganas de seguir haciendo la misma chamba, o más específicamente, no tengo ganas de seguir viendo como el 99% de lo que hago se queda metido en un archivero cuyo único fin es facturar horas para que algún pendejo que no sabe nada de nada las cobre, en lugar de convertirse en algún producto de software.

Por lo tanto para quitarme ese mal sabor de boca me iré a correr un rato a la playa y luego a un cerro. Y después veré qué hacer con mi chingada vida.

lunes, febrero 18, 2013

Correr y más correr

Octubre

Paso en pelotas ante un espejo y no reconozco mi reflejo.

- ¿Quién es ese fulano blando de carnes fofas y godinezcas? - digo.

Decido que ya estuvo bueno de tanta huevonería. Me consigo unos tenis buenos y salgo a correr a las 6 de la mañana.

Hago cuatro kilómetros a 8 minutos por kilómetro, como viejito, pues; mientras me empapo con la última tormenta madrugadora del año.

Al terminar convenzo a mi cerebro de que fue una gran experiencia que conviene repetir al día siguiente.

Diciembre

Me subo a una báscula. Mis afanes reduciendo la ingesta de calorías y el tiempo en el que recorro un kilómetro han dado algunos resultados. Mi peso está más cerca de 80 kg que de 90 kg.

Lo encuentro alentador.

Al regresar a mi oficio computito, me encuentro un anuncio en no sé qué página que dice Spartan Race México. Hago click en la imagen y miro un video donde salen unos corriendo a campo traviesa y pasando por obstáculos salidos de la imaginación de un inquisidor.

Se ve divertido y me inscribo.

Enero

Reviso los ejercicios que propone uno de los patrocinadores de la carrera. Aprendo a hacer burpees. Cuando termino esas sesiones no me queda claro si en los charcos del suelo hay más sudor que lágrimas.

Un día en la chamba noto que lo único que sostiene mis pantalones son mis nalgas. Al otro día en el closet encuentro un pantalón que no me ponía desde hace años, talla 32. Me cierra sin quitarme el aliento como la vez previa que me lo probé.

El último sábado de enero visitamos la lupe y yo a Culimocho que recién se convirtió en padre de una bebé. Estrena chamba más cercana a su casa y no nos hemos visto en un par de meses. Cuando me abre la puerta su primera reacción consiste en decir "¡qué pinche flaco estás!" y en ir corriendo, no por su hija para que la conociera, sino por una báscula que me avienta a los pies.

Febrero

Hago 6 kms en 32 minutos. En la pista llena de polanquitas donde corro no hay gordos que me rebasen. Una mañana de domingo voy a correr a Viveros. Doy tres vueltas al circuito y voy rebasando a la mayoría.

Pasa mi cumpleaños 40. Lo celebro comiendo como "boa y naúfrago".

17 de febrero (día de la carrera)

Hago que mi porra consistente en la lupe, carnala, cuñado, sobrino e hija me lleve de mi casa al lugar de la carrera. Considero que los organizadores debieron haber incluído en su conteo de obstáculos el traslado a ese ano del Estado de México en medio de la nada.

Llego y veo todo muy bien organizado. Firmo una carta diciendo que si quedo muerto o mutilado no se culpe a los organizadores. A cambio de esa cartita y mi boleto de inscripción me dan mi número y mi chip.

Veo salir a dos rondas de corredores antes de que sea mi turno. Mientras caliento les echo un discurso a mis rodilla izquierda y tobillo y hombro derechos:

- Uds me odian y yo los odio. Procuremos mantener esa sana relación sin que los tenga yo que amputar a media carrera.

Los que correríamos a las 10 nos congregamos ante la salida y dos animadores muy pendejos.

- ¿Aguantar estos chistes chafas será otro obstáculo?

A las 10 salimos corriendo. Los más entusiastas somos los primeros en bajar una loma, subir otra, bajar otra y aterrizar en un río de agua con lodo. El fango del fondo parece que se va a zampar nuestros tenis a cada paso.

Después del río de lodo hay que escalar una red, bajarla y correr un tramito para echarse a otro río de lodo surcado por alambre de puas. Al salir brincamos unas brazas y corremos y corremos y corremos hasta llegar a tres paredes a la mitad de un páramo. Una pared la brincamos, otra la pasamos por abajo y otra por en medio. Ahi me doy cuenta que no llevo más mi número de competidor.

- Espero que nadie tenga que consultar la información "que puede salvarme la vida" que me hicieron escribir detrás.

Sigo corriendo hasta ver a un grupo hacer fila para tomar una cuerda y jalarla. En el otro extremo de la cuerda está un peso que hay que subir hasta la copa de unos árboles. El corredor que estaba delante de mí dejó caer su peso y la cuerda fue a dar hasta la chingada donde voy a recogerla. Procuro ser más solidario con el corredor que está formado detrás mío.

Más correr.

Al pie de una lomita nos dan un buche de bebida de colores y nos esperan unos bultos de arena. Los oscuros son para los hombres y los rosas para las mujeres. Me pongo uno de los oscuros en los hombros y los paseo de subida y de bajada por la mentada loma.

Más correr. De subida. De bajada. Con brincos. Con ramas en la jeta.

Llego a un sitio donde están incrustadas en la tierra unas tablas formando zigzag. Hay que subirse al canto de las tablas y cruzarlas sin caerse. Sólo me faltan 3 pasos para llegar al otro lado, pero pierdo el equilibrio y caigo.

Burpees antes de seguir corriendo.

Al fondo de una cañada hay unos bloques de cemento con cadena. Tomo uno y lo arrastro un circuito corto pero demandante. Después de eso, adivinaron, salgo corriendo al monte.

La mayoría alcanzamos la cima caminando. Mientras bajo ese cerro llego a un recodo donde descubro que para llegar al fondo hay que hacerlo con la ayuda de una cuerda.

Hay que correr. Ahora por un sendero muy angosto, sinuoso y repleto de raíces. Para recorrerlo con rapidez pego brincos en todas direcciones.

Me acerco a un río, de agua turbia y helada, de poca profundidad pero un chinguero de piedras. Descubro con sorpresa que es una delicia meter ahí los pies después de tanta corredera a pesar del riesgo de torcerme una pata.

Otra subida a un monte que parece que no se va a acabar nunca. A ratos camino y a ratos corro.

Al llegar a la cima hay un gran extensión. Paso por debajo de unas escaleras que una hora antes había subido. Estoy llegando al último set de obstáculos.

Ante mí hay tres paredes de madera que hay que trepar. La más bajita está de mi tamaño. Cuando logro estar a horcajadas sobre la tercera una chava chaparra que no recibe el suficiente impulso de alguien de su equipo me pide ayuda. Logro jalarla para que alcance la parte superior y trepe antes de soltarme por el otro lado.

Más correr. No muy lejos escucho unas campanas. Temo que sea uno de los obstáculos para los que casi no entrené. Después de un recodo confirmo que tengo razón: hay que trepar una cuerda. Mientras me formo por mi turno miro a los que logran llegar hasta lo alto, para imitar sus movimientos... y meto la pata en un agujero torciéndome el tobillo. Muy torcido.

Veo luces que un epiléptico reconocería.

Al subir la cuerda no logro que mi pie derecho logre afianzar junto con el izquierdo los nudos para impulsarme por la cuerda. Bajo lo poco que había logrado subir.

Otras 30 burpees. Éstas a un pie.

Reflexiono que un tobillo torcido no me va a detener y continuo corriendo.

Ya está cerca la meta. Hay que cruzar una pared a lo ancho poniendo pies y manos en unas agarraderas de madera. La corredora que va adelante de mí titubea mucho y tarda lo que me parece años en cruzar, al grado de que casi hace que yo pierda asidero. Aguanto más por necio que porque todavía las pueda.

Sigue un tramo corto corriendo antes de llegar a un lugar donde hay unas pacas de heno para ensartar con una javalina. Me dan una y veo la punta roma y corta.

 - Mejor pásenme un mondadientes.

Lanzo la javalina con más fuerza que tino.

Otras burpees. En el lodo, pues hasta ahí llega el agua de uno de los últimos obstáculos en el que hay que trepar por una pared de madera inclinada a la que siempre le están echando un chorro de bombero nomás que de agua con lodo. 

Llego a la cima de ese obstáculo y bajo por el otro lado donde veo a tres del staff haciendo de gladiadores. Están con unos cotonetes que de cerca se ven enormes, listos a soltar de madrazos a los corredores. Del otro lado está la meta.

Un corredor baja a mi lado. Vamos corriendo juntos contra los de los cotonetes. Logramos quitárnoslos de encima sin tanto madrazo. De pronto un linebacker gigante me tapa el paso.

- Sigue, no te detengas - me grita.

- Sí, cómo no. Sólo quítate de en medio - pienso. 

Pero mi cuerpo decide no hacerme caso a mí sino al linebacker y después de un breve intercambio de empujones y bofetadas entre caballeros llego a la meta.

Mientras me ponen mi medalla al cuello y hago fila para entregar mi chip suena el señor Freddie Mercury por los altavoces diciendo "We will rock you".

- Sí, Freddie. Como siempre tienes toda la razón - pienso mientras escogía la talla de una playera que planeo no quitarme hasta el fin de los tiempos.



pd. A ver qué tal me va en la próxima carrera en mayo. En esta hice 1:24:27 y quedé en el lugar 2259 de un total de 4785 corredores sin vagina.

Actualización 19/02/2013: Acá las fotos.