viernes, noviembre 14, 2014

No vean películas de ciencia ficción con su mame configurado al 100%, gente


El domingo vi Interestelar. Dos veces.

- Controlzape pendejo - quizá piense algún lector anónimo. - ¿Necesitabas ver más de una vez esa porquería para entenderle?

- No - contestaría yo, si los comentarios asociados a google+, todavía permitieran la participación de fansfromhell anónimos en este blog pitero. - La ví dos veces el mismo día porque es muy chingona.

Advertencia: van spoilers. Si quieren llegar vírgenes a ver Interestelar ya saben qué hacer.

Continúo.

He leído varios espumarajos (como los que echó Phil Plait que debe ser horrible como compañero para ir al cine) sobre la mala ciencia de la película. La trama a grandes rasgos consiste en irse a meter a un agujero de gusano orbitando Saturno, que conduce a otra galaxia, para luego ponerse a explorar planetas que a su vez orbitan un agujero negro supermasivo con el objetivo de encontrar hogar nuevo para la humanidad, porque la Tierra se está volviendo en un lugar cada vez más hostil para la especie humana (como lo es la mayor parte del Universo, pues).

Si a alguien no le gustó Interestelar y echó el espumarajo "¡miren la malaciencia!" no creo que la crítica desfavorable haya achacársela a Kip Thorne, astrofísico y consultor científico del filme (quien hizo un gran trabajo), ni a la inexactitud relativista que pueda haber en la historia para ajustarse al guión. Si alguien echa ese espumarajo es por meterse a ver una película de ficción con su configuración personal de mame al 100%.

Por ejemplo, a mí no se me echó a perder la película cuando ví que los protagonistas llegan a un planeta oceánico donde el agua les llega a las rodillas y donde cada hora aparece una ola del tamaño del Himalaya y pensé "¿de dónde sale el agua para formar olas de ese tamaño en un océano de profundidad de fuente de glorieta chilanga? misterio".

Quizá me hubiera emocionado más ver que la gravedad del agujero negro, en lugar de formar olas gigantes, provocaba que cada tanto brotara del suelo un Paricutín eruptando lava y haciendo que llovieran piedras del cielo. PIEDRAS. Pero eso es por que tengo preferencias de volcanes sobre olas en el tema de desastres naturales que debe enfrentar un actor que me cae mal (tú no, Anne Hathaway, soy fans).

*Se acuerda de Anne Hathaway en disfraz de Gatúbela montando una moto*

**El trasero de Anne Hathaway le provoca efectos relativistas**

***Pasan horas***

¿En qué iba? Ah sí. Entonces, mi recomendación, avezados lectores es la siguiente: configúrense, como TARS y CASE, los robots geniales de la película. Bájenle rayitas a su mame y disfruten Interestelar.

pd1. Lo que más me gustó de la película, es cuando queda claro que engañar a los niños enseñándoles que las misiones Apollo fueron montaje y pantomima, no es solución para enfrentar una crisis de supervivencia de la especie. Entiendo que los granjeros son importantes para que todos comamos (hasta los contadores son importantes para registrar lo que gastamos y lo que ahorramos -no no me estoy pitorreando-). Pero para trascender la idiotez inherente a nuestra especie de primates bípedos, también se necesitan exploradores y científicos.

pd2. El Agujero Negro quedó en un muy lejano segundo lugar en mi lista de películas donde un agujero negro rifa.

pd3. Tengo que aprender a no pensar en voz alta. La primera vez que ví Interestelar le arruiné el final a toda mi fila.

miércoles, noviembre 12, 2014

Marcha y música

El sábado en la noche fui a caminar con los que marchaban por el pronto encuentro con vida de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa y para repudiar las labores chambonas de la PGR y del Gobierno en turno para encontrarlos. La marcha terminó en el Zócalo con incendio de una puerta del Palacio Nacional por parte de una minoría encapuchada y torpe para encender material flamable, y en detenciones arbitrarias de más de un docena de mirones y paseantes por parte de granaderos.



La marcha había sido convocada el mismo día vía redes sociales para apersonarse ante la PGR, en el 211 de Reforma, a las 20hrs y caminar hasta el Zócalo. Yo me junté a los marchantes cuando se aglutinaban frente a la PGR. Comenzamos a avanzar después de un rato y caminé junto entre toda la bola. Algunos llevaban veladoras. Pasando Insurgentes una media docena de marchantes cambió las veladoras por antorchas. Cuando pasaba ante la fuente de Felguerez ví a un encapuchado gordo poner una pinta en la fuente que decía ¡Los vengaremos! Contuve mi ibarguengoitiafilia y no lo molí a golpes.


Entre consignas, gente lenta para caminar y una valla cada vez más nutrida de apoyo a la marcha de espontáneos cargando cartulinas o coreando, llegué al Zócalo a las 22hrs aproximadamente.

La camioneta con sonido que encabezaba la marcha ya estaba a un lado del asta. Cuando me acerqué, alguien pasaba la lista de los 43 estudiantes desaparecidos. Al terminar, convocó a tumbarse al suelo para hacer un performance de gente tirada en el suelo contando a coro hasta 43 en voz alta.

Esa fue mi participación en la marcha. Cuando terminó el perfomance, me levanté, me dio sed y como no tenía muchas ganas de quedarme a chelear por el centro, me fui a mi casa. Ahí, me enteré que me perdí de las emociones de practicar el deporte de "brinco de granadero chaparro".

Pfff.

Durante las siguientes horas, lo que se comentaba en redes sociales y notas de periódicos era la puerta quemada y la correteada de granaderos. La imagen de una puerta en llamas del Palacio Nacional se convirtió en estandarte para que  zoquetes y tibios, estigmatizaran toda la protesta social.

Supongo que varios se quedaron con esa imagen como visualización del final de la marcha.

En mi cabeza hay otra imagen del final de la marcha.

Al pasar por la esquina de 5 de Mayo y Bolívar me encontré a una chica que tocaba el cello. No reconocí la rola pero me gustó. No era la primera vez que veía a la cellista. Dos fines de semana antes, en la cervecería de la contraesquina, alguien me hizo notar como una patrulla era convocada por un policía para obligar a la cellista a irse con su música a otra parte.

No obstante, la noche de la marcha la cellista tocaba en paz. Ignoro si los disturbios de más tarde la interrumpieron, pero mientras yo caminaba por ahí, ella tocaba sin ser interrumpida por los policías, ocupados redirigiendo la circulación lejos de la marcha.


Una chica tocando el cello sin que llegaran a chingar los policías. Así terminó para mi ese episodio de protesta social.

miércoles, noviembre 05, 2014

El vampiro científicamente correcto

En las películas de vampiros, cuando les da la luz del Sol y se achicharran y se vaporizan, siento que falta más drama. Para componer eso se me ocurrió aportar la siguiente línea de agonía y muerte que pongo a consideración de guionistas y cineastas.


De nada. Mi natural modestia me impide recibir sus efusivos agradecimientos.

lunes, noviembre 03, 2014

#yosiquierofoodtrucks

Mi experiencia comiendo en foodtruck no es mucha pero eso es algo que planeo componer. Como comensal sólo me he zampado una hamburguesa durante los días del Corona Capital más reciente (las otras veces que me dio hambre en el Corona preferí hacer fila en el puesto de dorilocos porque avanzaba más rápido), y el sábado pasado comí un ceviche negro, costra con camarón y agua de coco en uno de los foodtrucks estacionados en la entrada de la Feria de Chapultepec. La hamburguesa costó 40 pesos y el menú marisquero 99 pesos. Con la hamburguesa aguanté hasta que Beck terminó de cantar, y con los mariscos pude ver, sin hambrearme, El Juez, película que dura lo mismo que una cuaresma.

Antes de eso mi experiencia foodtruckera se limitaba a ver los camioncitos con cocina cuando caminaba por la Roma. Había identificado a dos que se habían vuelto parte permanente del paisaje. Uno en la esquina de San Luis Potosí y Medellín y el otro a un costado de la Parroquia del Verbo Encarnado y Sagrada Familia. Ninguno de esos ofrecía algo que me gustara así que nunca me apersoné a comer ahí. Supongo que si ahora voy por esos rumbos no me los voy a encontrar, debido a los esfuerzos del jefe delegacional de la Cuauhtemoc por retirar foodtrucks en la Roma y la Condesa.

Me enteré la semana pasada del retiro de foodtrucks parqueados permanentemente por parte de la delegación Cuauhtemoc gracias a un artículo de un Carlos Mota en El Financiero. Para llegar a la información relevante sobre el retiro de foodtrucks y sobre la ausencia de regulación que hay en la ciudad de México en ese ámbito de comida callejera, tuve que chutarme párrafos escritos con más nostalgia que oficio describiendo o la comida de las mocedades del autor u otro tipo de comida callejera más tradicional. Cuando llegué a la parte donde dice que los foodtruckeros son "en alguna medida, capricho de algunos niños ricos" (Carlos Mota ha de pensar que la oferta gastronómica en la Condesa y la Roma lo hace la UNESCO), comprendí que estaba leyendo a alguien al que no le gustan los foodtrucks, no por la comida sino por emputamiento inexplicable con sus dueños.

Después de algún troleo dedicado a @SOYCarlosMota y a su artículo mal escrito, dos días después reviró en El Financiero. Esta vez diciendo que los foodtruckeros tienen la piel delgada y que por eso no se los imagina haciendo los mismos esfuerzos pedaleros que un tamalero de triciclo. Después de citar a más emputados con los foodtrukeros, por fin Carlos Mota explica porqué no le gustan. Dice: "la pretensión de transformar la Condesa en Tribeca no me apetece mucho."

La imaginación de Carlos Mota trabaja muy raro: no se puede imaginar a un foodtrukero pedaleando un triciclo pero sí se puede imaginar a media docena de foodtruckeros transformando la Roma y la Condesa en NY. Por otro lado, en la Condesa y la Roma hay problemas más críticos, urgentes y reales que resolver que la imaginada manhattanización de sus calles, como se puede ver en este caso de un portero de un edificio de la Roma Norte asesinado por franeleros.

La Condesa como Manhattan no es la única analogía pendeja que se puede apreciar en este foodtruckergate. Por ejemplo, uno de los lectores de Carlos Mota se aventó la siguiente joyita en tuiter.
Me sumo a la posición de @SOYCarlosMota Los #FoodTrucks son a la gastronomía, lo que los discos piratas son a la música.
No sabía yo que los foodtruckeros se metieran a las cocinas de los restaurantes fijos a robarse recetas e ingredientes para malcocinarlos y ofrecerlos a 10 pesos.

Carlos Mota remata su texto con una predicción, realizada más al estilo de Walter Mercado que de periodista especializado en negocios, economía y finanzas: que los foodtrucks "serán llamarada de petate."

Mientras ese petate arde, yo lo que haré será revisar los avisos de la Asociación Mexicana de Foodtrucks vía @foodtrucksmx, para ver en qué evento me los puedo encontrar y así ampliar la variedad de comida que me zampo. Comer en un restaurante, o en un puesto de lámina, o ante un foodtruck para mí es circunstancial. Si el lugar donde como me etiqueta como hipster, o foodie, o el anglicismo que sea el más sobado ahora, me vale reata. Comer es de esas actividades democráticas que todos tenemos que hacer, de preferencia más de una vez al día. La variedad para satisfacer esa necesidad se agradece y es bievenida. Si por embrutecimiento ideológico a Carlos Mota y cia nomás les entra un tamal de triciclo cuando tienen que comer en la calle, pues que se lo coman y que les aproveche.




#yosiquierofoodtrucks

pd. Si así está el mame con los foodtrucks imaginen cuando en esta ciudad haya fucktrucks sin mafia de trata.