lunes, octubre 26, 2015

A mis familiares apenados

Hay una razón por la que no tengo en mis contactos de facebook a familiares como primos y tías, y es la siguiente: además del apellido, tenemos en común algunos momentos que están lejos de que los califique yo como los que más me influenciaron en ser la persona que ahora soy. Además las noticias muy pretéritas y muy recientes de sus afanes y esfuerzos no son inspiración para convertirme en lo que quiero ser.

Esa inconsecuencia es mutua. No es algo que lamente, primos y tíos. Y considero que tampoco es algo que uds lamenten. Ante situaciones así me acuerdo del título de una obra de Basurto, "Cada quien su vida".

No obstante la mencionada y hasta ahora, muy bienvenida inconsecuencia, recién me enteré que algunos de uds están muy ofendidos por esta publicación de facebook que puse (gracias hermana por enterar a todo mundo, haz lo mismo con este texto) y que vuelvo a poner aquí como referencia.


Ignoro qué parte de lo que puse los ofendió. Sólo sé que algunos de uds dicen que "sienten pena". El tema no me importaría más, si no fuera por que mis padres que fueron los que recibieron sus quejas, me recomiendan que ofrezca una explicación. Procuraré hacerlo lo más claro que pueda.

En un viaje reciente que hice a Morelia y a Cojumatlán en compañía de mis padres hubo oportunidad de visitar las tumbas de mis abuelos maternos. A la abuela yo no la conocí y hasta la semana pasada ví una foto de ella de cuando era joven. Me pareció una mujer muy guapa. De los pocos diálogos que me cuenta mi madre con ella creo que era, además, sensata y disfrutaba estar sola -características que considero dignas de cultivar-. Al abuelo, en cambio si lo conocí. Tengo varias imágenes de él en la cabeza: las más recurrentes son sentarme a acompañarlo mientras veía capítulos de "El periquillo sarniento" en la tele. También lo recuerdo ganándome y pitorreándose de mí torpeza jugando dominó. Otra imagen favorita consiste en verlo manejar el jeep mientras íbamos dando tumbos por las calles sin pavimentar de La Soledad. Como abuelo le gustaba expresar su cariño a abrazos y besos. Su mejilla parecía lija. Son más las veces que lo recuerdo con sus dos piernas que las veces que lo recuerdo cuando estaba "mocho" (así le decía a la amputación de su pierna).

Ahora bien no sé, tíos y primos, si uds vayan por la vida pensando que son consecuencia de la inmaculada concepción, pero de acuerdo a lo que se sabe sobre reproducción humana el proceso por el que uds llegaron a la existencia fue más complejo. Y más interesante.

Por otra parte prefiero imaginarme a las personas que me antecedieron como eso: como personas. Me niego a verlas sólo como tumbas marmoleadas a las que solamente haya que rendir culto y rezos. Somos producto de gente que vivió, que se equivocó, que amó, que aborreció, que tuvo orgasmos (ojalá), que lloró, que maldijo, que moqueó, que se enfermó, que sanó, que cuidó en la medida de sus posibilidades a sus hijos, que tuvo aciertos, que jugó y que algo ha de haber aprendido mientras vivió.

Y eso, en una medida muy insuficiente, es lo que trato de expresar en lo que escribí. La idea que uds (y lamentablemente la mayoría de la gente con la que he tenido que convivir) tienen de respeto me resulta caduca, insuficiente y contradictoria. Eso también lo trato de expresar en lo que escribo. Si leer eso les produce pena, les recuerdo que eso es algo que deben componer uds, no yo.

pd1. Otra cosa que también intento decir en lo que publiqué de los abuelos es que una mentada de madre, a mí o a cualquiera, es una expresión que se diluye en las ramas del árbol genealógico del que recibe la mentada, y por tanto inútil. No lo escribí así antes porque suelo expresar las obviedades de la forma más prosaica que pueda. Obvio.

pd2. Si están apenados por otros textos u opiniones mías, ahí están los comentarios. Aunque dudo que tengan presencia de ánimo para conocerme un poco más, podría equivocarme y resultar que quieran continuar discutiendo. Si ese es el caso esperen su turno pues no son los únicos.

martes, octubre 20, 2015

No hay nada que hacer en Cuernavaca



Hasta hace poco yo era de los chilangos que cacareaba la frase del título de este post. Los años de mi adolescencia aborrecente los viví en Cuernavaca y los pasé mal pero no peor que la mayoría; después, ya de adulto, los fines de semana que visitaba la ciudad iba con la idea fija de "iré a esa ciudad que lo único que tiene chido es el clima y sus tacos acorazados, y me tumbaré al lado de una alberca abrazado a una chela antes de regresar a la civilización". Pues bien, hace unas semanas me mudé de la Ciudad de México a Cuernavaca y en el tiempo transcurrido se me ha quitado la idea imbécil de que no hay nada que hacer en Cuernavaca. Va un ejemplo de lo que me he encontrado (hay muchos más y luego blogueo al respecto):

Primeros días de septiembre: Llego con mis cajas llenas de libros a vivir a Cuernavaca. Me instalo y repaso a quien sigo en twitter. Elimino media centena de cuentas que tuitean mucho pero no dicen nada. Hago una lista para empezar a leer tuits de cuentas que platican de lo que pasa en Cuernavaca. Leyendo el tl de la lista veo que se retuitea la foto del gobernador Graco Ramírez en un acto inaugural de exposición en el Jardín Borda. El gobernador, como toda la clase gobernante de este país, vale pito. Me llama la atención una anciana a su lado. La reconozco, es Joy Laville, la viuda de Jorge Ibargüengoitia. El texto que acompaña la foto dice que se inaugura una exposición de la obra de ella. Voy al Borda al día siguiente y entrando a la exposición veo a Stanley.


¿Que quién es Stanley? Ibargüengoitia decía de Stanley:

"Lo primero que vi de Joy Laville fue un cuadro que compraron los Ezcurdia cuando yo estaba en Guanajuato. Era un gato echado en una silla -el retrato de Stanley, supe después; Stanley era un gato que tenía tics nerviosos, que era de Joy, que desapareció un día y que, años después, vimos pasar caminando por una barda vecina, más nervioso que nunca, una tarde que estábamos sentados en la azotea tomando tequila-.
Bueno, pues en el momento en que vi el retrato de Stanley supe que algo no terrible, pero sí irremediable me iba a ocurrir.
- Este cuadro -me explicó Manuel Ezcurdia cuando notó que yo estaba absorto contemplándolo- lo hizo Joy Laville, una pintora inglesa que vive en San Miguel de Allende.
Pocos meses después nos conocimos."

Hay más cuadros. De gatos con floreros, floreros solos, mujeres caderonas y en pelotas que me recuerdan la portada de Las Muertas, playas y paisajes.

No están las portadas de los libros de Jorge Ibargüengoitia, pero en una pared hay una serie de cuadros, sin color (cosa rara en Joy) que por el tema y las fechas de los cuadros creo que sirvieron de catarsis del accidente de avión y la ausencia de Jorge en su vida.


He ido 2 veces más a la exposición y en una de esas ocasiones me encontré a Joy, encorvada sobre un bastón, vestida de azul y guiada de la mano de un señor que creo que era su hijo Trevor. Es una viejita sonriente y de ojos vivaces. Estaba yo pensando en acercarme a saludar pero la comenzó a asediar una familia de fans para tomarse selfies con ella. Decidí limitarme a contemplarla. La escena me sirvió para comprender que Joy, de 1923, es la nonagenaria más amable que conozco. Cuando llegue yo a los noventa años (no falta tanto *cof* **se le desacomoda la dentadura**) y se me acerque un fan para tomarse una selfie lo ahuyentaré a bastonazos y espumarajos. Ya me ví.

La exposición presenta un video de Joy que le hicieron creo que cuando le dieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2012. Al final del video dice la homenajeada "me gusta a mí vivir aquí".

También a mí, Joy.

pd. La idea del meme de Daenerys se me ocurrió oyendo a Patricia Godinez que conduce Ecos, un programa de radio en Radio UAEM (106.1 FM Lu-Vi 17-18 hrs). También se pitorrea de los que alegan que no hay nada que hacer en Cuernavaca.